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El viaje, la experiencia y el coste de elección

5 comentarios

8 febrero 2010 a las 0:50, por

captura-de-pantalla-2010-02-08-a-las-004840Escribió Hugo Claus, el escritor belga, ” El deseo sólo es posible en la distancia. Es la diferencia entre nosotros y los auténticos viajeros. Los auténticos viajeros se sumergen en el extranjero, se hunden en ello, se igualan a ello, adquieren el color de lo extranjero. Nosotros somos turistas, como máximo buscamos algo raro, algo picante que podamos contar después. ” El viaje siempre ha tenido un cierto halo de experiencia de iniciación, de forma de acceder a un supuesto ritual de transformación que, como viaje iniciático, repercute en la esencia del viajero. Viajar ha sido visto como forma de acceso a otras dimensiones de lo humano.

Fenicios, griegos , románticos… pueblos y visiones cosmogónicas, todos se han enfrentado al viaje desde su propia óptica, y buscando satisfacer ese deseo del que habla Claus. Para Marc Augé el viaje, ahora, en estos tiempos de abundancia y generalización del desplazamiento vacacional, tiene algo de imposible, de búsqueda de ese “viaje de descubrimiento” que ya no puede tener lugar. Con la mencionada socialización del viaje y su identificación con las llamadas vacaciones, ese viaje pierde algo de valor iniciático y pasa en muchos casos a tener un valor puramente espacio-temporal. Viajar deja de tener una dimensión interior y, si se quiere, espiritual, para pasar a ser un producto de consumo puro y duro, también arrastrado por el nacimiento de una industria de los viajes que, como tal, trata de homogeneizar toda la experiencia vivida para facilitar así su producción y, por lo tanto, su gestión.

Pero el turista se resiste a dejar de ser viajero, a dejar de vivir su experiencia, a dejar de tener ese viaje iniciático o de descubrimiento soñado y vuelve a solicitar ser tratado como un ser único y no como un número, una estadística. Ese viaje imposible del que habla Marc Augé es constantemente reclamado y exigido como posible. El viajero reclama experiencias. Y entonces pone en un aprieto a toda la industria turística.

Porque esa industria no está, por su propia naturaleza, preparada para ofrecer lo que el viajero le reclama. La industria es perfecta para trabajar con rapidez, para confeccionar y vender paquetes con eficacia, pero no para aceptar y mucho menos gestionar millones de exigencias de experiencias únicas. Entonces esa industria turística nota que se encuentra en una encrucijada y comienza a adoptar el mensaje del viajero. Y habla de experiencias, y acepta la necesidad del enfoque individual y diferenciado, y trata de microsegmentar al mercado. Pero en unas ocasiones sólo es la adopción del discurso, en otras concesiones ontológicas que no tienen una correlación efectiva y práctica, y en otras herramientas puramente comerciales que no terminan de llegar a la esencia del problema.

Porque el problema está en el destino y en la forma de comercializarlo, en la creación del destino y en la forma de transmitirlo. Hemos de pasar del destino monolítico al destino experiencial, y no sólo de boquilla, utilizando un discurso publicitario vacío, sino ofreciendo al viajero la oportunidad de crear su propio destino, individual y único, capaz de transmitirle todas esas experiencias que desea vivir. Y a un coste aceptable.

Acceder a esa experiencia no puede suponer para el viajero un coste excesivo. Precio, oportunidad, incertidumbre, tiempo, elección… son costes que han de ser asumidos, pero cuya suma no debe ser un freno en la decisión final. O minimizamos los costes o maximizamos el valor ofrecido. Sólo desde un enfoque personalizado el valor se maximiza, sólo desde el turismo líquido se acerca el destino al viajero y no al revés. Porque todo viaje tiene un coste de elección, un coste de preferir un destino a otro, un viaje a otro. La incertidumbre que se apodera del viajero permanece hasta su vivencia vacacional, y se ha de minimizar para que la percepción de coste también se minimice.

Debemos conseguir que ese deseo que sólo se manifiesta en la distancia permanezca también en la presencia, que permanezca el estado de excitación que lo buscado nos ofrece. Debemos pretender ser, como industria, menos industria y más artesanos de la hospitalidad, creando espacios de colaboración artesanal por los que el viajero transite seleccionando los servicios que van a confeccionar su visión del destino.

El viaje ha de volver a ser un viaje y no un mero traslado. La experiencia ha de ser individual y cierta, decidida por el viajero. Y el coste ha de ser la mínima preocupación del viajero, un precio, y no sólo monetario, que esté dispuesto a pagar por satisfacer un deseo no siempre oculto y realizar ese viaje de descubrimiento soñado.

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5 comentarios 

  1. Joan Gou 8 febrero 2010 - 10:56

    Haces bien en distinguir entre el viajero y el viajante, que aunque suene parecido nada tiene que ver,
    desde la irrupcion de las redes sociales y la comunicacion es cierto que se esta generando una nueva industria sin diseño, pero que cala lentamente en la mente de los consumidores, esta corriente ayudara mucho en la comercializacion de viajes a medida para aquellos que buscan algo diferente, y encontraran quien se lo ofrezca ( nada que ver con turismo masivo) pero tendra su precio, la artesania es unica, las personas ya saben distinguir entre sastreria y pret a porter , lo mismo ocurre con los viajes, con la diferencia que el viajero es su propio sastre.
    Buena aproximacion para nosotros los lectores, para ayudarnos a separar el grano de la paja, tu punto de vista aporta este apice de luz.
    Pero dejemos que sea el cliente que elija entre ser viajero o viajante, a menudo la comodidad nos hace renunciar a sueños literarios, que en definitiva son solo eso, sueños o literatura.
    Cuando la demanda este en el mercado, ya apareceran empresas dispuestas a atenderles, no subestimes esta breve apreciacion, mientras para seguir comiendo seguimos atendiendo a viajantes.
    Un cordial saludo amic desde la Costa Brava

  2. Mun 9 febrero 2010 - 10:24

    Juan, me parece un tema muy incisivo en un momento como el presente.

    Es una obviedad que el perfil del turista, de algunos, en eso también estoy con Joan, está cambiando de la mano de las nuevas tendencias y maneras de viajar.

    Estos nuevos “viajeros”, que ya no quieren ser “turistas” o que quieren diferenciarse de algún modo de los demás, buscan experiencias, como tu bien dices, y quieren ser parte de éstas a través de la vivencias directa de estas experiencias. El nuevo turista, que lo podríamos llamar de la era del post-turismo si consideramos el turismo como lo hemos vista hasta hace poco, una etapa algo pasada, es una persona curiosa y está bien informada mucho antes de llegar al destino. Aunque también están aquellos que se informan lo mínimo para dejarse sorprender por aquello que el destino le puede aportar (y me incluyo en esta categoría,  buscando el factor sorpresa, y que irá descubriendo poco a poco, una vez ahí,  a través de las recomendaciones de viajeros que uno se encuentra por el camino, de la gente local, de guías locales, etc. qué es lo que hay que ver, qué es lo que hay que comer, y a dónde se debe ir para comprender mejor la realidad del destino.

    En ambos casos, el hedonismo es un factor potente. Los nuevos turistas buscan satisfacer su sensibilidad a través de la búsqueda de nuevos paisajes que colmen su sensibilidad. Buscan descubrir aquello “auténtico” (donde casi no va nadie), Quieren establecer empatía con la gente del lugar y con otros viajeros que se van encontrando en el camino, compartiendo experiencias, y valoran no sólo lo tangible, sino que dan gran importancia a lo intangible.

    En este sentido se añaden los nuevos estilos de hospitalidad, donde están ganando terreno fuertemente aquellos basados en la “hospitalidad gratuita”, como Couchsurfing o Hospitality Club. Otros, como “Air B&B”, ofrecen “viajar como seres humanos”. En realidad, de lo que se trata, es de lo que comentaba anteriormente, es decir, de entrar en contacto con las comunidades locales, que no siempre son tribus perdidas por ahí, sino sencillamente la gente que vive en el lugar. A veces ni siquiera se busca alojarse sin tener que pagar, sino la ayuda a la hora de planificar el viaje de la gente que realmente conoce el destino. De llegar y tomarse un café con ellos, dejar que te sugieran lugares, te lleven donde nunca llegarías con tu Lonely Planet, o te saquen de copas por la noche donde va la gente del lugar, no donde van los Tourists-as-Usual (me lo acabo de inventar en correlación con “business as usual” y me gusta el termino …)

    A esto se añade  la aparición de nuevos perfiles, salidos también de las nuevas tendencias de vida, de la mayor esperanza de vida y de la mejor calidad de ésta a lo largo de más años. Aparecen los senior, que ahora llamamos +50/+60, o tercera edad activa, los singles o las familias monoparentales con niños, las personas que – reprendiendo aquí el hilo de otro debate abierto- se toman un tiempo sabático para redescubrirse y descubrir el mundo, aquellos que valoran la sostenibilidad de los establecimientos en los que se van a alojar y llaman antes para preguntar qué políticas de responsabilidad tiene la empresa (son pocos, es cierto, pero cada vez son más), etc.

    Creo que es necesario y urgente que el sector sea capaz de adaptarse a esta nueva demanda emergente para salir del bache en el que, en realidad, éste ya estaba antes de que llegara la actual crisis económica.

    Por desgracia, creo, en este país casi nadie tuvo que hacer mucho para que los turistas viajaran como pájaros en migración a nuestras playas; por lo que cuesta admitir que hace falta innovación y creatividad, al tiempo que, in duda, inversión para ello.

    En fin. Podría estar aquí horas pero casi que tengo que trabajar.

    Un saludo y seguimos hablando.

    Mun

  3. Juan Sobejano 9 febrero 2010 - 10:55

    Sé que me repito y que siempre digo lo mismo, pero lo mejor de un blog o un artículo no son los propios artículos, sino los comentarios que genera. Y esta es una magnífica prueba de ello.

    Joan, en absoluto el artículo pretende ser un menosprecio a los viajantes, como tú los llamas. Creo que es fundamental que sigan existiendo, tienen su cuota de mercado y así debe seguir siendo. Es más, no creo que el hecho de ser viajero o viajante sea intrínseco a la persona, sino que tiene mucho que ver con la compra, el enfoque con el que se enfrenta al viaje concreto. Es cierto que luego cada uno tiene una psicología personal que le puede determinar una tendencia y otra, pero la compra y la confección del producto concreto tiene mucho que decir.

    Estoy de acuerdo contigo en que los viajes, por así llamarlos, personalizados pueden suponer un coste mayor que los paquetes, pero no estoy muy seguro que en el futuro ese sea el factor determinante, puesto que las nuevas tecnología van a permitir que ese coste mayor no sea excesivo. Sí puede suponer un coste por tiempo, el coste por comodidad que todos queremos minimizar. De todos modos, como bien dices, será el cliente el que elija si quiere ser viajero o viajante.

    Mun, me parece fantástica tu reflexión. Creo que poco tengo que añadir. Tengo dudas, y esto lo digo a título personal, de que el sector esté a día de hoy preparado para esa variedad de tipologías de las que hablas. Pero no porque no tenga las capacidades ni los conocimientos, sino porque no tiene la predisposición mental para ello.

    Seguimos enfocando al sector como una industria al estilo de las “normales”, es decir, buscando meramente la venta y la rentabilidad, y sin comprender que nuestro sector vive de sensaciones, de emociones, y no de tornillos y números.

    El viajero nos está poniendo en nuestro sitio, y de nosotros depende que queramos ocupar ese sitio o sigamos empeñados en pastorear el mercado.

  4. Mun 9 febrero 2010 - 16:47

    Gracias Juan.

    Creo que tienes razón, aunque en algún caso, y aunque quede mal decirlo públicamente, la verdad es que la capacidad y los conocimientos tampoco están ahí. Recuperando mi anterior comentario, y sin ánimo de ofender a nadie, cuando decía que nuestra Historia se basa en que los turistas venían solitos, eso implica que cualquiera, en su momento, se apuntó a ser empresario del sector. Sólo hacía falta tener habitaciones para alojar a la gente. El resto se hacia solo. Quedan pocos, o quedan menos; y sin duda pueden reconvertirse con algo de imaginación y con innovación y creatividad – por ejemplo tenemos el proyecto de Playa de Palma que nos explicó Nájera en el FITUR Green. No me quedó claro de dónde iban a sacar tantísimo dinero, pero el proyecto es grandioso y muy ambicioso. La llave a no dejar que un destino desaparezca para siempre.

    En todo caso, es más cierto todavía, como tu apuntas, la falta de predisposición mental, y ahí es donde yo veo un claro gap de negocio para los que nos dedicamos a la consultoria y al coaching empresarial. La oportunidad, que además es claramente win-win (para nosotros, para los empresarios y para el Planeta), está en saber transmitir al sector esta necesidad de cambio, que no sólo es positivo, sino que es claramente necesario y casi urgente para que buena parte del negocio no se vaya a pique, a medida que nuevos destinos emergen, con productos y precios mucho más competitivos.

    Como dije también, los clientes/ turistas, están cada vez más informados, las tecnologías de la información, las redes sociales, etc. facilitan y los orientan hacia lo que quieren. Y estas mismas tecnologías, y otras, son, como tu muy bien dices, las herramientas que ayudarán a los actores del sector (sean públicos o privados) a emerger con nuevas formulas y nuevos productos.

    ¿el precio? como todo … la curva de la oferta y la demanda. Es más caro ahora si se compara con productos que están quedando obsoletos y que basan su competitividad en el precio. Pero esto, seguro, tiene fecha de caducidad (próxima).

    En cuanto a la predisposición mental… llegará, no me cabe duda, aunque llegue cuando sea un hecho fefaente que nuestros clientes ya no quieren nuestros productos. Estamos en ello.

    Como dicen, las oportunidades nunca se desaprovechan, si tu no la coges al vuelo, alguien más lo hará.

    Venga, un abrazo!
    Mun

  5. Pingback: La Distribución un proceso clave por cuestión de Rentabilidad : Fuerteventura, Turismo Sostenible

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