Hemos estado en otros art铆culos hablando de algunos conceptos relacionados con el llamado turismo l铆quido y la teor铆a que lo sustenta. Recoger y explicar este tipo de conceptos y teor铆as tiene el peligro de no ser lo suficientemente did谩ctico y perderse entre vericuetos poco ilustrativos y clarificadores para el lector. Sobre todo cuando entramos en la descripci贸n de procesos m谩s o menos complejos y con un cierto grado de innovaci贸n.
Hoy queremos tratar el tema de la distribuci贸n y comercializaci贸n tur铆stica para apuntar el cambio que parece vislumbrarse en la mente del viajero, es decir, aquello que ese viajero entiende como deseable y que el sector ha de, por tanto, implementar. Nos estamos refiriendo en concreto al paso de un sistema de comercializaci贸n tipo embudo a uno tipo plataforma. No vamos a entrar a describir el proceso de transformaci贸n ya que otros lo han hecho mejor antes, s贸lo vamos a analizar brevemente el punto de partida y el de llegada de ese cambio deseable y tan dif铆cil de aprender.
La distribuci贸n como embudo
Partimos de un entorno en el que la distribuci贸n es como un embudo, en el que en el extremo ancho encontramos un producto variado y rico, propio de destinos con una amplia oferta y con un incre铆ble potencial de satisfacci贸n del viajero. El propio embudo es el canal, el canal tradicional, el tour operador (TO), que recoge esa rica variedad de oferta y la convierte en producto vendible, y que por lo tanto lo convierte en un canal que controla el proceso de distribuci贸nn. El problema es que el TO trabaja con econom铆as de escala, por lo que ha de actuar en dos direcciones. Por un lado buscando una gran disminuci贸n de costes y por otro tratando de conseguir que el producto tenga un elemento muy visible y a la vez muy gestionable: el hotel. De este modo esa gran oferta del destino se organiza, por obra y gracia del TO, en torno al hotel, disminuyendo la visibilidad del resto.
Por lo tanto el TO crea paquetes con la oferta del destino, paquetes cerrados y a ser posible iguales, para minimizar los costes de gesti贸n y de promoci贸n. De este modo toda la oferta variada de la zona ancha del embudo sale paquetizada por la zona estrecha, id茅ntica a s铆 misma y sin posibilidad de diferenciar el mercado al que va dirigido, porque no le interesa ni lo necesita. Se crea primero el producto y luego se trata de llevar al mercado. Estrategia push.
La distribuci贸n como plataforma
Al otro extremo del proceso, como otra forma de distribuci贸n, tenemos a la plataforma. 脡sta supone asumir una estrategia completamente distinta de distribuci贸n. Es una estrategia en la que interviene el viajero o usuario y que ofrece y necesita de la participaci贸n activa de 茅ste. La plataforma supone presentar toda la oferta posible de un destino, todo el potencial que tiene de satisfacer las necesidades del viajero. Es entonces 茅ste el que decide qu茅 elementos de esa oferta, de esa plataforma va a elegir como integrantes de su experiencia vacacional. Y no s贸lo eso, sino que con su intervenci贸n va a dar valor a una parte de esa oferta, bien por su elecci贸n directa a modo ejemplo valioso para otros, bien por su valoraci贸n y comentarios sobre elementos de esa oferta. El viajero y el usuario se convierten entonces en agentes de venta, en agentes del proceso de distribuci贸n y de promoci贸n, son partes del canal. Pero ya no es un canal que gestiona de forma 煤nica la oferta, sino que es m谩s bien un canal que ofrece tantas formas de gesti贸n como viajeros y clientes existen, puesto que no hay l铆mites a esa gesti贸n.
Estas dos formas de gesti贸n son opuestas, claramente diferenciadas y situadas en extremos. Una, la del embudo/TO, representa las cosas tal y como se han hecho hasta ahora, con un fuerte dominio por parte de canal y escasa o nula influencia del destino como gestor y del cliente como actor con capacidad de decidir. La plataforma por su parte es lo que est谩 esperando el cliente, una estrategia de distribuci贸n de la oferta que le de posibilidades de elegir y capacidad de gestionar esa decisi贸n en base a sus necesidades y deseos.
Ambas pueden tener sus pros y sus contras, pero lo que parece claro es que los destinos tienen que poder poner en funcionamiento todo su potencial de oferta para posicionarse como algo m谩s que destinos baratos. S贸lo desde la visibilidad que da una oferta rica, variada y segmentable puede el destino ocupar un lugar destacado en el mercado y acceder a ser un destino atractivo para el viajero.
Enlaces de inter茅s:
Nuevas tendencias en la demanda.
Consultor铆a directiva tur铆stica especializada en el dise帽o y gesti贸n de proyectos transformadores mediante la aplicaci贸n del Ciclo Comercial Tur铆stico.





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24 marzo 2010 → 02:10 por Juan Sobejano
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