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La gestión del turismo líquido

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12 marzo 2010 a las 2:18, por

Este es el tercer y último artículo de una serie en torno al turismo líquido. En el primero hablamos del concepto de identidad del turismo líquido, en el segundo introdujimos la necesidad de definir un nuevo modelo de distribución para conseguir desarrollar todas las potencialidades. En este tercero hablaremos de la gestión de destinos y empresas adecuada a los principios y características del turismo líquido.

Segmentar la gestión: el destino

Al hablar de gestión del turismo líquido necesitamos primero dimensionarlo, es decir, definir en qué entornos y dinámicas se va a utilizar. Y aquí cabe sobre todo una doble visión, la de la empresa y la del destino. El destino es la plataforma sobre la que se muestran toda la oferta a la que puede acceder el cliente. Es un escaparate relacional y relacionado, una red de actores que muestran sus productos y servicios estructuralmente dependientes y que generan a su vez una red de relaciones en forma de cluster turístico. No cabe la gestión del destino líquido si no es bajo la conciencia de que todos los elementos que forman parte de él tienen una serie de conexiones que activadas generan valor para el viajero. Por eso la gestión entiende que el viajero es el que decide la forma en la que se relaciona con el destino, es decir, la forma en la que disfruta de su experiencia vacacional y qué elementos de esa plataforma que es el destino va a elegir como principales y secundarios para darle valor y disfrutar de una experiencia plena.

La mejor forma de poner en valor a todos los actores de la plataforma es la red, la red distributiva que permite la flexibilidad de las relaciones desde dos perspectivas: las necesidades y deseos del cliente y las necesidades y deseos de los actores del destino. El cliente va a manifestar sus deseos, pero los actores también van a hacer partícipes a todos los demás de sus objetivos, capacidades y posibilidades de llegar a acuerdos y relaciones con los demás, y la forma de hacerlo. Así se genera también la posibilidad de una relación individual o una relación grupal, asociativa. Éstas van a poner en funcionamiento todo el potencial de un grupo de empresas aportando un valor más homogéneo al viajero, y partiendo además de una mayor capacidad de unir sinergias y valores comunes.

Segmentar la gestión: la empresa

La empresa turística representa tal vez la unidad de medida que genera una serie de dinámicas en torno y dentro de ella que bien direccionadas y con una gestión correcta se pueden calificar de líquidas. Ya dijimos en su momento que el concepto “líquido” quiere representar sobre todo a lo adaptable, lo manipulable, lo variable, lo que viene determinado no por la voluntad de la empresa, sino por el deseo del cliente, de cada cliente que define y condiciona así la gestión de la propia empresa.

La empresa se constituye entonces como un elemento tractor y difusor de las relaciones que se generan en la plataforma que supone el destino líquido. Su capacidad de crear relaciones, de desarrollar nodos de valor, le permite configurar las redes del destino aportando valor en aquellos nodos que, siendo más interesantes para la empresa, y precisamente por eso, también lo son para el viajero. La relaciones naturales que se desarrollan tienen un cierto carácter informal, pero bajo una gestión no por ello menos eficiente que busca sobre todo ofrecer la capacidad a las empresas de que desarrollen todo su potencial en aquellos entornos y para aquellas actividades para las que estén mejor dotados.

Pero la empresa no puede ser, o no debe ser, una empresa cerrada a las influencias de su entorno, no puede gestionar la información como una propiedad ni el conocimiento como un valor exclusivo y excluyente. La empresa ha de trabajar por sí misma, pero también por el destino. Y en esta tesitura se configura como empresa abierta, capaz de gestionar sus relaciones internas como una prolongación de las externas, y perfectamente permeable tanto de fuera a dentro como de dentro a fuera.

Segmentar la gestión: el cliente

Pero si bien hay dos dimensiones que son fundamentales en el turismo líquido: el destino y la empresa, hay un actor que es la base de toda la gestión, el cliente. Éste no solo influye en la configuración del producto por su capacidad de elección, sino que forma parte activa de la gestión del destino. No olvidemos que tradicionalmente se ha dicho que el servicio turístico se materializa en las relaciones que el viajero desarrolla en el destino, es la configuración de esas relaciones lo que va a dar forma a la red distributiva y va a influir por lo tanto en la gestión en su conjunto.

Por lo tanto la gestión del turismo líquido no puede ser una gestión rígida y dogmática, ha de ser abierta y capaz de adaptarse a las necesidades de cada viajero.

Hoy precisamente Edu William va a defender su tesis doctoral en torno al tema del turismo líquido y otros adyacentes con una tesis titulada Ecosistema del turismo red: Modelo de la Abundancia e Innovación en las Islas Canarias. Un magnífico momento para profundizar en estos temas.

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