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24 mayo 201001:01 por Juan Sobejano

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Juan Sobejano

Juan Sobejano »

Hace unos días subimos un video que nos daba pie a preguntar qué características ha de tener un líder. Como quiera que tenemos la mala costumbre de utilizar todos los canales a nuestro alcance para amplificar debates, también lo hemos preguntado en otras plataformas y herramientas que veremos a continuación.

Mentiría si dijera que el debate (porque al fin y al cabo las distintas voces no son sino la misma discusión) me ha resuelto las dudas, pero sí he de reconocer que me ha permitido hacerme preguntas más concretas y desde nuevas perspectivas.

Hay un elemento que creo que es fundamental a la hora de definir a una persona como líder, el componente externo, y tanto desde una perspectiva humana como ambiental. Habla Nacho Adorna en este sentido de la importancia del primer seguidor, de esa persona que decide llamar a ese otro “líder”. Hay por tanto una variable externa, no propia del líder, que lo califica como tal y que es el requerimiento de que haya alguien que desee calificarlo como tal.
Ignacio Villoch dice claramente que “sin seguidores … no hay liderazgo, luego lo que te convierte en líder no es tanto lo que haces, sino el hecho de que te sigan”.
La existencia de prosélitos puede en muchos casos no depender de las condiciones o deseos del propio líder para serlo. Es más, puede que en determinadas circunstancias una persona pueda ser calificada como líder y no tener la capacidad de serlo en otras, o incluso que en esas mismas circunstancias algunas personas lo llamen líder y otras no.

Como se ve las posibilidades son múltiples. Pero de todos modos hay una pregunta recurrente, ¿qué características y rasgos psicológicos tiene un líder?

Nuria García recoge unos rasgos que propuso Daniel Góleman, que son, autoconciencia, autocontrol, motivación al logro, empatía y habilidades sociales. Como se ve, son características que se pueden agrupar en el autoconocimiento y la proyección social. Efectivamente, todo proyecto ha de partir de una sólida base, y en este caso es la que define el afianzamiento de la personalidad del líder para después tener potencial y ganas de influir activamente en su entorno. Una influencia que va a repercutir también en el propio líder, porque como dice Javier Ortiz-Sánchez, el líder pone el foco en sí mismo, siendo capaz de asumir responsabilidades y decisiones. Sin embargo cabe preguntarse si este foco no puede ser en ocasiones involuntario, fruto de la voluntad de esos supuestos seguidores que han otorgado al líder la condición de tales.

Para José Luís Momparler, hay un componente de conocimiento en el origen del líder. Momparler opina que un líder conoce las necesidades y deseos de acción de sus posibles seguidores, es decir, lo que ellos están deseando hacer, de modo que lo único que han de hacer es ponerse al frente de “la manifestación” y hacer lo que se espera de ellos. Rafael Mesa lo explicita muy bien cuando pregunta “¿el liderazgo es una causa o una consecuencia?”

Reconocer esto supone en cierto modo minimizar, que no hacer desaparecer, el carácter transformador del líder. El seguido se transforma en cierto modo en seguidor y no hace sino agrupar voluntades ya existentes y, eso si, potenciar el efecto de cambio que puede haber en esas voluntades. Ese cierto componente transformador es el que recoge Patty cuando dice que el líder “siente apasionadamente la necesidad de hacer algo, de comunicar una visión de un mundo mejor y trabajar por ello”. Toca aquí Patty un tema importante, ese cierto componente mesiánico, de seguimiento casi ciego en aras de unos objetivos ideales que puede que no sean verificables.
Es posible que los rasgos que definen un líder sean muchos y no concretos, pero luego surge otra pregunta que no necesariamente ha de tener una respuesta única. ¿El líder nace o se hace? Para Manuel Colmenero la opción correcta es la primera, “transformar los sentimientos en emociones que inviten al movimiento, es algo que no creo que se pueda aprender en ningún lugar”, dice. Ignacio Villoch en cambio discrepa, concediendo como mucho un 25% de determinismo genético. Es el viejo adagio de Ortega y Gasset, “yo soy yo y mis circunstancias”. Rafael Mesa concuerda con esta opinión cuando recuerda que un líder no lo es sólo por serlo “de cuna”, sino también por ejercerlo.
Hay por tanto muchas visiones y muchos enfoques acerca del líder. En todos se resalta la influencia que parecen tener en la sociedad y en su entorno más cercano. Debemos ser conscientes, sin embargo, de no tratar de identificar el liderazgo con categorías morales. Un líder no es bueno o malo, un líder lidera, y ese liderazgo puede ser bueno para unos y malo para otros.

Cabe preguntarse ahora con todo lo dicho qué características tienen los líderes del sector turístico y si esa es una de las causas de la crisis que sufre el sector desde antes de la crisis económica… pero eso lo dejaremos para otro artículo.

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