La calidad innovadora

4 mayo 201000:28 por Juan Sobejano

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Juan Sobejano

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Hablamos hace un par de meses del concepto de calidad líquida y de la necesidad o conveniencia de introducir este concepto en el sector turístico como elemento de gestión. Comentábamos entonces la importancia de los viajeros a la hora de definir y otorgar la calidad a un servicio concreto por el carácter subjetivo que ésta tiene. Vamos a tratar de enlazarlo hoy con un artículo que más o menos por esas fechas publicó Juan Freire en el que hacía un claro distingo entre la cultura de la calidad y la cultura de la innovación.

Es cierto, como comenta Freire, que una cultura empresarial basada en la calidad tiende a la inmovilidad, pero sólo si la concebimos al modo industrial que criticábamos en el artículo antes mencionado. El exceso de protocolos, requisitos y normativas que hay que cumplir para seguir manteniendo los criterios de calidad industriales maniatan en muchas ocasiones la transformación innovadora, convirtiéndose en un auténtico cuello de botella para el cambio. Frente a esto la innovación juega con una estrategia de pensamiento de diseño que facilita una mayor libertad de pensamiento y gestión ante las potencialidades de cambio que ofrece.

Como dice Freire “la innovación es intrínsecamente inestable”, y ante una categoría, como es la calidad, que ya no aporta ningún valor diferencial, sino que se constituye en el mínimo exigible de una empresa o destino, resulta imprescindible incrementar las acciones de innovación para lograr una posición fuerte en el mercado. Pero la inestabilidad de la innovación implica una cierta libertad de acción en la gestión, no sujeta a los corsés de los sistemas de calidad tradicionales e incluyendo altas dosis de creatividad. Ante esto el concepto de Calidad Innovadora quiere reflejar una forma de gestión de la calidad en la que partiendo de una concepción de calidad líquida se van integrando las visiones de los viajeros y clientes dentro del concepto global. De ese modo el producto o servicio puede ser enfocado desde distintos puntos de vista (tantos como clientes) y extraer de esas visiones la información necesaria para una evolución o disrupción innovadora. Así es el propio concepto de calidad, o al menos el enfoque que de él hacemos, el que va alimentando la innovación desde una perspectiva abierta, integrando la visión de los agentes externos (en este caso los clientes) y creando un entorno dinámico y de alimentación constante de la innovación.

Evidentemente este tipo de enfoques tiene una serie de limitaciones. Posiblemente la más evidente es que el cliente sólo puede dar información de lo que puede opinar, y sólo puede opinar de lo que ve, escapándosele todos los procesos internos y gestiones que no llegan al viajero, tanto en empresas como en destinos. Pero si partimos de un concepto de empresa clientecéntrica, en la que toda la gestión se hace por y para el cliente lo normal sería que incluso nuestros procesos internos se adapten al mayor aporte de valor al cliente, y para eso lo fundamental no es que el cliente opine sobre el proceso, sino sobre el servicio que recibe.

La calidad innovadora es en definitiva sólo un enfoque de la calidad en el que se pretende poner en sintonía la diversidad natural de la innovación y la uniformidad que parece pedir la calidad, tratando de minimizar aquellos elementos y zonas de rechazo y resistencia.

Imagen: http://www.flickr.com/photos/emueses/305819936/

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