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Interpretar el espacio

7 comentarios

11 junio 2010 a las 1:08, por

Hablar de destinos es hablar de espacios, de territorios, de volúmenes incluso que van dando forma física a un lugar de disfrute y relación. Hablar de destinos es hablar de lugares, pero de lugares humanos, subjetivos, múltiples y, por qué no, infinitos. Los lugares se interpretan, las ciudades se interpretan, los destinos turísticos se interpretan y dan lugar a distintas formas de convivencia. Cada viajero descubre en un destino SU destino, realzando y resaltando algunos aspectos y minimizando otros en un puzzle de vivencias que van creando un poso de recuerdos que, a fin de cuentas, es el verdadero producto, el que va a quedar para siempre en posesión del viajero.

Los destinos se interpretan, no se reinterpretan. Cada vez que nos “enfrentamos” a un destino lo hacemos vírgenes, inocentes, sin saber qué vamos a encontrar ni qué vamos a vivir. Tenemos referencias, es cierto, que procesamos y seleccionamos también según nuestros gustos e intereses, dando mayor valor a unas que a otras, pero son referencias ajenas, apenas una carta de presentación que desaparece al aterrizar en el destino, cuando comenzamos a escribir nuestra propia historia.

Pero un destino no es sino un espacio gestionado con un fin, un espacio interpretado para el ocio. En su libro Psicología del Espacio, Abraham A. Moles y Elisabeth Rohmer lanzan una pregunta fundamental: ¿el espacio como punto de referencia o el espacio como producto? Todo ser humano se apodera de un espacio personal, que se convierte en su punto de referencia. Como dice Le Corbusier, la primera prueba de existencia es ocupar un espacio. Pero ese espacio personal es a la vez y sobre todo un espacio físico y concreto, y por lo tanto limitado. Más allá está el espacio proyectado, el idealizado si se quiere, que es aquel al que el viajero no tiene acceso inmediato pero que es un espacio disponible y, para un destino, relevante, pues le dota de una imagen ante el viajero que es la que al final deberá defender ante él.

Berlin from +joanjimenez on Vimeo.

El espacio subjetivo es siempre un punto de referencia vital, de igual modo que en ocasiones los espacios personales ajenos son espacios a conquistar. Una discoteca, una playa, un teatro está repleto de espacios personales que de uno u otro modo, con unas u otras intenciones queremos ocupar. Estos espacios son a su vez espacios productos, espacios redefinidos desde una perspectiva económica que para el viajero tiene importancia en cuanto que la gestión y definición de ese espacio le va a afectar en el suyo referencial, pero no porque él los considere como tales. De este modo, tanto a los espacios referenciales como los espacios productos no son definidos sólo por los elementos físicos que los conforman, sino también por las relaciones humanas que se desarrollan en ellos. Los espacios, de este modo, interactúan y se influyen redefiniéndose desde el gobierno de cada viajero.

Los espacios por tanto, y sobre todo los turísticos, no son nada sin un contenido, sin una serie de elementos, y no sólo físicos como hemos dicho, que le dan sentido. Señala Mihaly Csikszentmihalyi que “somos felices cuando la actividad nos absorbe por completo”, cuando somos capaces, como él dice, de fluir. Los destinos son espacios interpretados, cuyo objetivo es hacer felices a los viajeros. Han de ser rellenados y ofrecer a ese viajero la opción de encontrar su actividad, su manera de fluir. Llamémosle turismo líquido o pongámosle otro nombre, al final de lo que se trata es de que sea el propio viajero el que defina y rellene de objetos, vivencias y relaciones el espacio que disfruta.

Tokyo from +joanjimenez on Vimeo.

Las neurociencias han empezado a estudiar los cambios cerebrales del ser humano y sus reacciones en base a una serie de impulsos. Estudios que han dado como resultado dos nuevas ramas: el neuromarketing y la neuroarquitectura. Redefinir los espacios desde la subjetividad del viajero es fundamental para darle al destino opciones para que desarrolle todo su potencial. Comprendemos que los destinos tienen un claro componente económico, pero sería estúpido obviar el hecho de que para el viajero ese componente no tiene la menor importancia.

Las redes sociales no enseñan que los espacios, tan reales los físicos como los digitales, son los que sus usuarios quieran que sean. Usuarios porque los usan, los utilizan desde su propia particularidad e independencia. Disponer de toda la información sobre el viajero es fundamental. Dibujar un destino como un escenario donde poder desarrollar nuestras vivencias vacacionales es el siguiente paso. Permitir al viajero que interprete el destino y que lo llene de sentido es la mejor forma de llegar al éxito.

Adjuntamos dos videos de Joan Jiménez como ejemplos de visiones personales de un espacio, en este caso Berlin y Tokio. Se recomienda verlos con sonido.

Foto: http://www.flickr.com/photos/krynowekeine/2755263171/

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7 comentarios 

  1. sandra evolo 11 junio 2010 - 14:53

    Juan me gusta…qué más?pues que sigo aprendiendo.Las dos cosas son muy importantes.
    Y me atrae en particular la mención que has hecho sobre neuromarketing y neuroarquitectura.
    saludos

  2. Juan Sobejano 11 junio 2010 - 15:03

    Gracias, Sandra. En realidad todos seguimos aprendiendo. Y quien diga lo contrario tiene un serio problema.

    Un saludo

  3. Pedro 12 junio 2010 - 0:31

    Conozco el trabajo de Joan hace ya un tiempo, el vide de Berlín es una verdadera pieza de arte y una fuente de inspiración.

  4. Jose Luis Momparler 12 junio 2010 - 8:21

    Me alegra ver como el concepto de “turismo líquido” sigue creciendo y concretándose con aportaciones como las tuyas. Enhorabuena!!

  5. Manuel Gruñeiro 12 junio 2010 - 9:23

    Estimado Juan, me quedo gratamente sorprendido de tu analisis, pienso que igualmente la interpretaion del espacio en el mundo de turismo, son los sueños y las emociones que de estos se desprenden. El unir el espacio del destino con el sueño del mismo antes de conocerlo, es una mezcla intensa que no cabe duda da un contenido en si mismo y genera una espiral de sensaciones que ayudan posteriormete a la interpretacion de dicho espacio.
    Un fuerte abrazo

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