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15 actitudes 1.0 para entender lo 2.0, de Amalio Rey

3 comentarios

18 agosto 2010 a las 0:58, por

Ya hemos publicado algún artículo de Amalio Rey, incluso le hemos hecho una entrevista. La profusión de la presencia de Amalio en este blog no es casual, y como prueba el artículo que hoy traemos, publicado en Infonomía.

El 2.0, una cifra que a fuerza de ser repetida puede llegar a perder contenidos, parece que inunda la reflexión sobre marketing, gestión de empresas, RRHH y todo lo que tenga que ver con el mercado. Parece ser el nuevo paradigma. Sin embargo, a pesar de ser ubicuo, las empresas no terminan de aceptarlo. Algunas porque no lo entienden, otras porque lo entienden y lo temen. Al final nos encontramos con verdaderos abismos de separación entre la teoría y la práctica.

Pero conviene tener las ideas claras y poner negro sobre blanco qué es cada cosa para no llevarse a engaño. Es lo que hace Amalio Rey definiendo qué es el 2.0 mediante una contraposición al 1.0. Personalmente puedo estar menos de acuerdo con alguno de los puntos, pero sin duda es una magnífica definición de lo que es y/o debería ser el 2.0.

Imagen: http://www.flickr.com/photos/85791047@N00/2954783299/

Hablo a menudo de proyectos o empresas 1.0 y 2.0, porque me ayuda a reducir complejidad. En la medida que he ido comprendiendo lo que es la actitud 2.0, este atajo del lenguaje se ha convertido en un recurso muy intuitivo para catalogar proyectos e iniciativas según cómo han sido concebidos.

Cuando me cuentan de un negocio, de una empresa que se ha creado o de un proyecto en el que alguien me quiere involucrar, suelo ser capaz de situarlo en un punto de ese eje imaginario que dibujo entre lo 1.0 y lo 2.0. Pero… ¿que “señales” pueden servirnos para discernir entre lo uno y lo otro?

He estado pensando largamente en esto. En vez de definir “lo 2.0″, voy a resumir a continuación 15 características de su contrario, “lo 1.0″. Para mí son patrones de comportamiento que sirven para etiquetar algo como “1.0″, y que a mi juicio conforman un modelo obsoleto de concebir los proyectos y las organizaciones:

1. Diseño up-down, de-arriba-a-abajo, solo por jefes y/o expertos, sin la participación activa de las personas (u organizaciones) que van a sufrir (o disfrutar) el impacto del proyecto.

2. Tendencia a controlar los flujos de información con arreglo a una arquitectura muy jerarquizada de niveles de acceso.

3. Actitud de “paternalismo prepotente” al suponer que el jefe o experto es el que mejor sabe lo que le viene bien a los usuarios o beneficiarios, y suponiendo a la vez que éstos todavía no están capacitados para encontrar por sí mismos la mejor solución.

4. Cultivo entusiasta de la imagen, de la apariencia, de “lo-que-puedan-pensar“, de lo que proyecta externamente el proyecto o la empresa.

5. Creencia de que las personas solo actúan por motivaciones extrínsecas, como si las motivaciones intrínsecas (”quiero hacerlo”) y sobre todo, la predisposición natural a hacer el bien, no fueran también un motor para la acción.

6. Subestimación del significado de la transparencia, y en los casos que se tiene en cuenta, se gestiona más como un mal necesario que como una oportunidad.

7. Visión piramidal de la sociedad, según la cual los-de-arriba se han ganado el derecho a disfrutar los privilegios naturales del poder por el mérito de haber llegado allí, y el rol de los-de-abajo consiste en ser disciplinados y practicar una sana obediencia por ser menos capaces o como camino para llegar al poder.

8. El poder como fuente natural de privilegios: Suponer que la designación para un alto cargo implica una recompensa o un premio para disfrutar de derechos privilegiados (”tengo más gente trabajando para mí“) y no la adquisición de más deberes o un aumento de las obligaciones derivadas de la confianza concedida (”trabajo ahora para más gente“).

9. Intolerancia (incluso desprecio) hacia el error. Insistencia normativa en “hazlo bien a la primera“. Escaso reconocimiento de los errores y falta de humildad.

10. Tendencia a desconfiar de otras personas y organizaciones, suponiendo que nadie tiene la sana intención de colaborar y ayudar (si no es con un interés utilitario) a menos que se demuestre lo contrario.

11. Modelo regulado y predefinido de comunicación externa, dejándose claro qué se dice y qué no, quién puede decir y quién no.

12. Deseo de planificarlo todo, de preconcebir los esfuerzos y resultados, centrándose solo en “buscar” y anulando la posibilidad de “encontrar“.

13. Impaciencia por conseguir logros a corto plazo, importando mucho más los resultados (el QUÉ) que el proceso (el CÓMO), la creación que la consolidación, la facturación que la satisfacción sostenible.

14. Visión bélica del juego competitivo, de confrontación entre enemigos donde siempre unos ganan y otros pierden, como si el mercado fuera siempre un “juego de suma cero“.

15. Gestión centrada en el producto y en las ventas, y no en las personas y el servicio. Los usuarios y los empleados importan solo en la medida que sirven para conseguir los objetivos, y no por el hecho mismo de lograr que se sientan plenamente satisfechos.

Blog del autor: www.amaliorey.com

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  2. Amalio A. Rey 18 agosto 2010 - 12:51

    Gracias, una vez más, Juan, por vuestra gentileza de publicar este artículo que escribí hace algún tiempo pero que, debo decirlo, me ayudó mucho a comprender (por descarte( la cultura 2.0. Escribir me ayuda mucho a clarificar ideas, y a descubrir y reparar en la medida de lo posible mis incoherencias.
    un abrazo!!!
    Amalio

  3. Caye 19 agosto 2010 - 12:01

    Acabas de describir con todos los pelos y señales a la empresa para la que trabajo. Y lo mejor de todo es… ¡que es una startup de viajes! Toma moreno :D

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