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De la Organización Sólida a la Organización Líquida, por Joan Jimenez

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6 septiembre 2010 a las 0:31, por

Los que leen habitualmente este blog sabrán que una de las teorías y conceptos que lo sustentan es el de Turismo Líquido. Este concepto parte a su vez de la idea de sociedad líquida de Zigmunt Bauman. La idea de introducir el adjetivo “líquido” implica sobre todo poner el foco en la capacidad de evolución y de adaptabilidad del sujeto adjetivado. Ya no podemos hablar de, en el caso del turismo, de destinos estáticos, rígidos y unidimensionales, sino que debemos potenciar la existencia y comunicación de destinos adaptables a los deseos del viajero.

Joan Jimenez reflexiona en este artículo sobre la aplicación del adjetivo “líquido” a la marca y al producto y de ahí de la necesidad de que la organización adapta también su estructura a este nuevo entorno. Este tipo de asunción estratégica ha de suponer la transformación de las estructuras, las dinámicas y los propios actores de la organización. No cabe la existencia de un desajuste en alguno de estos elementos para que la organización líquida tenga éxito.

Con la organización líquida los límites de dicha organización se difuminan, la información y la innovación dejan de ser gestionados sólo por la propia organización y la empresa se acerca más al concepto de empresa abierta que al de empresa tradicional.

Imagen: http://www.flickr.com/photos/minchki/2456765249/

Uno de los mayores obstáculos a los que se enfrentan las marcas en estos momentos es el temor a la incertidumbre y sobre todo, el pánico a no saber gestionar una nueva realidad muy compleja, cambiante, interconectada, transparente y glocal.

Zigmunt Bauman acuñó muy acertadamente el término “Tiempos líquidos” para definir el cambio de una sociedad “sólida”, estable y repetitiva a una “líquida”, flexible y voluble.

Sin embargo, la aceptación por parte de la Sociología Moderna de la característica de la “liquidez” de nuestros tiempos, no ha venido acompañada por la aceptación práctica de esta realidad por parte de muchas empresas, que siguen pensando y actuando como si el mundo del siglo XXI fuera el mismo que el del siglo XX… o incluso el XIX.

Si aceptamos que ya vivimos inmersos en una realidad “líquida”, tendremos que admitir que la mejor manera de competir en ella es que nuestra marca (lo que la gente piensa de nosotros) se adapte este cambio trascendental y sea también “líquida” (flexible y voluble).

Si aceptamos que nuestra marca ha de ser “líquida” para ser más competitiva, descubriremos más pronto que tarde, que nuestra “sólida” organización es el primer obstáculo para lograrlo, por lo que no tendremos más remedio que licuarla.

¿Cómo se pasa de una organización tradicional “sólida” (estable y repetitiva) a otra “líquida” (flexible y voluble)?

El primer paso es que la empresa tenga un líder que sepa “escuchar” por un motivo muy sencillo y práctico: cuando se escucha, se obtiene información y la información, es Poder.

El segundo paso es que ese líder sea consciente de que no se puede a efectos prácticos liderar un negocio sin condicionar a su marca, ni a una marca sin condicionar a su negocio, por lo que ambas cosas deban partir de un mismo origen para estar perfectamente alineadas en todo momento.

El tercer paso es entender que el “liquido” no puede fluir en la dirección adecuada sin un liderazgo eficaz que marque un contínuo cauce.

Del cuarto paso hasta el infinito, las respuestas ya dependen absolutamente de las preguntas que formule cada líder.

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