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Nuevas reflexiones en torno a la Empresa Abierta

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25 octubre 2010 a las 0:20, por

La semana pasada se produjo un pequeño ¿debate? en torno a la Empresa Abierta y su posible confusión con lo que Andrew McAfee bautizó como Empresa 2.0. Todo partió de un magnífico artículo de Julen Iturbe en el que reclamaba la necesidad de distinguir términos y no confundir al concepto de Empresa Abierta con el de Empresa 2.0. Recomiendo la lectura del artículo para una total comprensión de éste.

A los pocos días Amalio Rey publicaba una réplica no menos brillante que no trataba de corregir a Julen pero sí continuar con la reflexión. También es muy recomendable leer el artículo para seguir la reflexión.

Hay varios puntos interesantes en ambos artículos que reflejan, desde nuestro punto de vista, por dónde deberían ir las reflexiones en torno a este tema. No vamos en este artículo a ser exégetas de los textos de Julen y Amalio, creo que son lo bastante claros y tienen el suficiente valor como para que merezcan ser leídos. Vamos más bien a reflexionar modestamente en voz alta a partir de ellos.

La proliferación de teorías, opiniones, eventos y reflexiones en torno a la Empresa Abierta y la Empresa 2.0 está generando el que ambos conceptos lleguen en ocasiones a perder sus contenidos de modo que, como se ve en los artículos mencionados, se llegue a decir caso lo mismo utilizando dos significantes distintos. Desde mi modesta opinión el contenido que da Amalio a Empresa 2.0, con sus 6 atributos (Transparencia, Modelos participativos, Colaboración siguiendo el Ethos 2.0, Innovación abierta y modelos en red, Espíritu-wiki (agilidad, informalidad, autenticidad, integridad, añadir valor genuino), Organización “conversadora” vs. Marketing 1.0), se parece mucho al que parece Julen viene dando a Empresa Abierta desde hace tiempo. Esto no es ni bueno ni malo, y como dice el propio Amalio no se trata de entablar una batalla nominalista absurda. Pero tal vez sería interesante llegar a un acuerdo común en cuanto a nombres y denominaciones para no caer en el mercado persa que se está montando en torno a conceptos que en ocasiones se utilizan con una excesiva alegría y como sello de supuesta calidad en eventos, proyectos, conferencias o actos políticos.

Dicho esto resulta muy alentador ver que dos de los teóricos más serios de la Empresa Abierta (o Wikiempresa como dice Amalio) ponen en su justo lugar a la tecnología en sus reflexiones. La tecnología y su trasunto socio/web los medios sociales no pueden ser nunca la excusa para apellidar a una empresa como Abierta. Los cambios conceptuales, de enfoque y procedimentales que requieren estas empresas no son el resultado de estar en Facebook o en Twitter, sino que son el fruto de una profunda reflexión previa que dan como resultado el estar en los medios sociales de un modo particular. Estamos hartos de ver como las empresas se apropian de adjetivos que no les pertenecen por el mero hecho de estar en Facebook o con una cuenta en Twitter. En este caso el sufijo/añadido 2.0 suele ser el más utilizado y la Red se ve inundada de páginas en las que empresas y destinos proclaman a bombo y platillo el salto al 2.0. Por eso decíamos antes de la necesidad de unificar nomenclaturas. La ausencia de una mínima solidez de planteamientos y de reflexión en este tipo de proyectos hace que se queden en un recurso de marketing que dificulta un debate serio en muchas ocasiones por la defensa que los creadores y gestores de dichas plataformas y proyectos han de hacer de los mismos.

Por el contrario, no se nota unos cambios en los modos de hacer y, por supuesto, se huye como de la peste del concepto Empresa Abierta, no tan contaminado hasta ahora y que tiene una serie de implicaciones y obligaciones que no todos están dispuestos a cumplir. Creo que hay una frase de Julen que refleja perfectamente la dificultad y de la que Amalio se hace eco: “es más fácil desarrollar la empresa abierta a través del aprendizaje”. A ver quién es el guapo que le dice a un hotelero que ha de reconocer que su empresa está en constante cambio y que ha de aprender, que el control que tenía sobre su empresa no es tal y que ha de aceptar nuevas fuentes de innovación (si es que ya la aplicaba) y no sólo de dentro de su empresa, sino de fuera, incluso de los competidores. Es posible que la carcajada se escuche en la sede de la OMT.

De todos modos no creo que exista ninguna empresa que pueda ser calificada de Empresa Abierta, creo que esto es más bien un concepto hacia el que debemos de caminar pero que, por su propia naturaleza, es imposible de asir. Porque al fin y al cabo la Empresa Abierta no es un estado, sino un proceso, un proceso en el que el cambio contante tiene un claro valor estructural al definir procesos e incluso organigramas internos y, por qué no, externos. Pero dicho esto, también es cierto que estamos permitiendo que el concepto se pervierta y que se limite a breves pinceladas de “pasos a cumplir” que más que definir y ser un reflejo de los cambios previos acometidos tratan de ser un sello que legitime y que pueda ser utilizado en la promoción.

Estamos dotando de valor puramente económico a estos conceptos de Empresa Abierta y Empresa (o Destino) 2.0, cuando deberían ser el reflejo de cambios de enfoque, nuevas estructuras y otra forma de hacer las cosas en nuevos entornos, y no sólo en ellos. Porque la Empresa Abierta es primero empresa, es decir, que ha de reflexionar “hacia dentro” para ver qué es y cómo es, y para después cambiar adecuadamente “hacia fuera”, integrando los cambios internos en la línea que decía Amalio con sus 6 atributos de gestión con cambios externos propios de una nueva forma de ver y relacionarse con su entorno, desde sus supuestos competidores hasta sus clientes.

Lo dicho, dos magníficos artículos sobre la Empresa Abierta que motivan extraordinariamente en medio de tanto adjetivo vacío.

Imagen: http://www.flickr.com/photos/opensourceway/4427310974/

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