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Las distintas caras del turismo

5 comentarios

28 diciembre 2010 a las 1:25, por

Hablábamos el otro día sobre la transversalidad del turismo y la necesidad de incluir, entre otros, estudios sociológicos y antropológicos para comprender adecuadamente toda la dimensión del fenómeno turístico. A nadie escapa la complejidad de un fenómeno como el turístico, capaz de movilizar gran cantidad de recursos no sólo económicos, sino también intelectuales, para desarrollar proyectos de envergadura. Pero además no es sólo que el sector disfrute (o padezca, según se mire) de esa transversalidad, es que está en constante evolución añadiendo realidades y visiones aparentemente contradictorias, lo que da como resultado un sector absolutamente heterogéneo y difícil de asir.

Hace poco La 2 de TVE emitió un documental sobre las nuevas formas de turismo, Turismo Insólito. El reportaje mostraba cómo los turistas van ocupando nuevas formas de disfrute y la respuesta que está dando el sector ante las nuevas necesidades que van apareciendo. Había sobre todos tres productos que llaman a la reflexión: el turismo en la frontera entre México y EEUU en el que los turistas se ponían durante un día en la piel de los emigrantes ilegales que quieren pasar al otro lado, de este modo eran perseguidos por una policía falsa pero absolutamente creíble y llegaban a sufrir verdaderas penalidades en el transcurso de la persecución; el turismo pornográfico en el que un pequeño grupo de turistas, 3 o 4, pagaban una gran cantidad de dinero por asistir durante una semana al rodaje de una película porno como invitados VIP, vamos, que sólo les faltaba ser actores; y por último un grupo de franceses que viajan al interior de la selva brasileña para asistir durante una semana a un proceso de purificación en un poblado chamanista.

Como digo, a mí se me ocurren varias reflexiones al respecto, que como suele ocurrir dan como resultado más preguntas que respuestas.

Respecto al primer caso, el de los turistas en la frontera México-EEUU, la reflexión viene por el camino de las experiencias. Hemos dicho en muchas ocasiones, y ya es lugar común en el sector, que el viajero/turista quiere vivir sus propias experiencias, lo que ocurre es que ejemplos turísticos como el que comentamos amplían el rango de experiencias y a naturaleza de las mismas. No hablamos entonces de “propias experiencias” en sentido estricto, sino que lo decimos como posesión. El viajero puede así no ya vivir las experiencias que más o menos predecibles de su tipología social, sino que ahora lo que el viajero quiere vivir son experiencias de otros pero en carne propia. Como decimos, el rango experiencial crece y la complejidad de gestión, creación y promoción también.

Cuando un turista quiere convertirse en un emigrante y sufrir como éste sufre va más allá de la mera experiencia, quiere en realidad ponerse en la piel del otro, traspasar su cotidianidad para vivir lo que sabe que nunca va a poder vivir. ¿Entonces dónde está el límite a esas experiencias? ¿Cuál es el límite aconsejable, gestionable y moralmente aceptable de una experiencia turística?

Esta última pregunta, la de la moralidad, nos lleva a la segunda reflexión en torno al segundo ejemplo: el turismo pornográfico. ¿Ha de ser el turismo moral? Es más, ¿puede ser el turismo moral? No quiero parecer mojigato en cuanto a este ejemplo, y sinceramente creo (y es una opinión absolutamente personal) que el tipo de experiencias que recoge el ejemplo del reportaje sobre el turismo pornográfico es perfectamente aceptable, pero la visión del documental me ha llevado a estas reflexiones y dudas que aquí traslado.

Hemos de partir de la base que el turismo, como tal, como fenómeno, no es ni moral ni amoral, del mismo modo que no lo es un coche, sino el uso que se hace de él. Así no podemos hablar de un turismo moral, sino de una forma de disfrutar el turismo moral.

Una segunda reflexión es que al igual que las experiencias se buscan que sean personalizadas, la moral también lo es. Cada persona tiene sus propios límites morales que le hacen aceptar, por ejemplo, el matrimonio gay o no. Incluso las sociedades evolucionan y cambian su ADN moral. Recientemente salió la noticia de que Suiza iba a despenalizar el incesto, una figura profundamente rechazada culturalmente pero que algunas sociedades no consideran dignos de prohibir (aunque en más de una ocasión leyes y moral/ética no van precisamente de la mano, pero éste es otro tema).

Esa individualidad moral ha de gestionarse sin embargo en una moral social, que es la que al final determina si una práctica es moral o no. Aunque el turismo pornográfico pueda ser considerado como amoral por muchos ciudadanos parece claro que la sociedad no ve en esa supuesta amoralidad la suficiente fuerza como para prohibirlo, lo que lleva a otra pregunta ¿es la moralidad o no de un producto turístico suficiente razón para su permiso o prohibición?

El caso del horroroso turismo sexual, incluyendo el que se practica con menores sobre todo en el sureste asiático, no debe su prohibición a su moralidad o no o al menos no sólo a eso, sino al daño que se hace a otros con este tipo de turismo. ¿Cuál es el límite permisible? ¿Cuándo podemos empezar a pensar en la prohibición?

El tercer caso, el de los turistas que buscan su purificación chamánica, es más una duda de modelo. En el caso señalado hay evidentemente un gasto en desplazamiento, aunque luego no hay gasto en alojamiento reglado (están en chozas en medio de la selva) y no hay estructuras sólidas. Aquí la pregunta es si cualquier tipo de desplazamiento y estancia en otro lugar puede ser considerado como turismo. ¿No estaremos ampliando demasiado el significado de turismo para cobijar en esa palabra experiencias que en sí mismas no lo son o no deberían serlo? No se hasta qué punto podemos apropiarnos de cualquier viaje. El término “turismo” está siendo constantemente apellidado (sol y playa, de negocios, cultural, religioso, espiritual, de aventura, deportivo, urbano…) y se convierte en un cajón de sastre en el que cabe de todo. Al final la gestión de algunos tipos de turismo tiene muy poco en común y sirven más para llenar documentales más o menos interesante que para tener un impacto serio o mínimamente apreciable en el sector.

El resumen de todas estas reflexiones es la pregunta ¿qué es turismo? Y no estoy seguro de que sea una respuesta fácil de responder.

Imagen: http://www.flickr.com/photos/cuervoblanco/4445767128/

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5 comentarios 

  1. tirso cabral 28 diciembre 2010 - 14:26

    Juan el nacimiento del turismo nació, si no corrígeme, en la búsqueda de experiencias y conocimientos, en ver que fue lo que paso, como en ese determinado territorio ocurrieron esos hechos, luego paso a el conocimiento de esas grandes clases sociales en conocer como vivían ellos, cual era su cultura, y es como tu lo dices, ya las personas quieren sentir que les pasa a los actores originales, es algo complejo, pero sera el nuevo reto que tendremos que enfrentar.

  2. Juan Sobejano 28 diciembre 2010 - 14:35

    Por supuesto, Tirso, hay en toda experiencia turística un deseo de experimentar lo que no solemos experimentar diariamente. Y cuando digo experiencias no me refiero necesariamente a experiencias agradables. Tenemos ahí la visita a los campos de concentración, o incluso el turismo de cementerios. Las experiencias forman parte de turismo, pero tal vez ahora estemos llegando a la personalización extrema y ahí entran en juego las fantasías más personales, lo que nos lleva a un terreno tal vez peligroso

  3. Pingback: Tweets that mention Tourism Revolution Las distintas caras del turismo: Autor/es: Juan Sobejano  Hablábamos el otro día sobre la tra... -- Topsy.com

  4. Roberto CpdA 4 mayo 2011 - 22:43

    me gustaria pensar en un destino coordinado, joven, abierto a las nuevas propuestas del turista, cada persona intenta vivir su experiencia agradable y lo logra solo cuando lo personalizan pero para otras personas puede ser desagradable. Lo que si es que como destino, hotel, empresa debemos dar al turista siempre nuestra mejor cara pues nuestra imagen es la que habla del destino y esa expericiancia solo el ser humano la puedo brindar al que lo busca.

  5. Pingback: Con Internet viajamos más | Blog TRW

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