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Creando vacas púrpura

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17 enero 2011 a las 1:43, por

Hace unos años Seth Godin escribió un libro titulado La vaca púrpura: Diferénciate para transformar tu negocio. En él Godin comentaba lo importante que puede ser para una empresa conseguir productos sorprendentes y distintos. Ponía el ejemplo de una vaca púrpura: si vamos en coche junto a un campo en el que pastan las vacas lo más normal es que sólo veamos una masa más o menos informe de animales iguales pastando, pero si entre ellas hay una vaca de color púrpura lo normal es que de pronto fijemos nuestros sentidos en ella y las demás dejen de existir.

Una empresa que de pronto crea una “vaca púrpura” tiene inicialmente la atención de todo el mercado. El que esa atención la mantenga en el tiempo es otro tema, pero no menos importante. Sin embargo aquí nos vamos a centrar en la primera parte, la creación. Resulta interesante observar cómo se desarrollan los procesos de creación sobre todo en las PYMES, sencillamente no existen. Se limitan a seguir al mercado y en muchos casos a responder tarde y mal las necesidades de éste con una estrategia a corto plazo buscando la maximización del beneficio económico y dejando en un segundo lugar la sostenibilidad económica y la excelencia e impacto en el sector. No estoy diciendo que este deba ser el resultado que toda empresa deba conseguir, pero sí el objetivo que ha de buscar.

Estamos acostumbrados a no salirnos de los establecido. Es lógico, cuando desarrollamos procesos de gestión buscamos evitar la sorpresa, obviar el impacto que pueda suponer un alejamiento excesivo de nuestra zona de confort que nos llevaría a tener que redefinir parámetros de actuación. Además el hábito es fundamental para la resolución de problemas, o al menos así lo creemos. Frans Johansson, en su libro El Efecto Medici, señala que estamos acostumbrados a entablar las mismas conexiones asociativas, a desarrollar un hábito de conexión de ideas y relaciones causa/efecto que creemos que nos ayudarán a resolver problemas de manera rápida y sencilla y a continuar con nuestros procesos sin sorpresas. Sin embargo, esta ausencia de disrupción supone un déficit de potencial de la empresa, de modo que ésta pierde gran parte de su capacidad de desarrollo en aras de un fluir monocorde y previsible.

Esto no es del todo malo si no se quiere sobresalir en el sector, pero es suicida si se pretende construir una empresa líder. Por ello es necesario acceder a un proceder más imaginativo, horizontal y, si se quiere, arriesgado. Imaginativo porque introduce elementos que no tienen que ver necesariamente con nuestros procesos habituales. Supone la asunción de que no hay límites para el pensamiento de gestión y estratégico, que no hay zonas intransitables para el sector turístico y que cualquier persona ajena al sector tiene capacidad para ofrecer ideas, soluciones y visiones altamente atractivas.

Un proceder horizontal porque ha de integrar a toda la estructura de la empresa aprovechando así todo el potencial humano que tiene. La creación de dinámicas de reflexión y participación en la creación del modelo de empresa y en decisiones estratégicas va a conseguir una mayor identificación con el proyecto empresarial y un mayor flujo de ideas y propuestas, con las consiguientes ventajas para la organización.

Y por último, se ha de buscar una estrategia de gestión de conocimiento arriesgada porque no puede tener miedo al fracaso y al error. Éstos son parte de la gestión, elementos fundamentales de la mejora continua desde una perspectiva de implicación y acceso de todo el equipo. El riesgo es, por tanto, controlado y controlable, gestionable para sacar de él el máximo beneficio.

Bajo estas premisas las empresas han de desarrollar las estrategias diarias de generación de ideas que consigan un aumento paulatino de posibles nuevos productos, servicios o procesos  en constante mejora y que hagan de nuestra empresa un referente en el sector. En turismo hemos de ser conscientes de que al cliente no le gustan las sorpresas, quiere una gestión en cierto modo previsible y monótona, pero hay un gran campo de innovación en todo lo que es el hecho experiencial individual que desea vivir.

Nuestras vacas púrpura no dejan de ser vacas, no dejan de dar leche, pero tienen la capacidad de atraer la atención de nuestros clientes y del sector en general, posicionarnos en una posición envidiable y, si somos capaces de evolucionar ese producto o servicio, con una gran preeminencia y relevancia en la mente de nuestros clientes y aquellos que lo puedan ser en el futuro.

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