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La no-ventaja competitiva de España

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7 febrero 2011 a las 1:01, por

Aeropuerto internacional de El Cairo colapsado

Floris Van Cauwelaert. Flickr

La prosperidad nacional se crea, no se hereda. No surge de los dones naturales de un país, de su mano de obra, de sus tipos de interés o del valor de su moneda, como afirma con insistencia la economía clásica.

La competitividad de una nación depende de la capacidad de su industria para innovar y mejorar. Las empresas logran ventaja frente a los mejores competidores del mundo a causa de las presiones y los retos. Se benefician de tener fuertes rivales nacionales, proveedores dinámicos radicados en el país y clientes nacionales exigentes.

De esta manera magistral comienza Michael E. Porter el capítulo 6: La ventaja competitiva de las naciones en Ser Competitivo, editado por Deusto.

Resulta que las revueltas en Túnez y Egipto han producido el efecto colateral de desviar los futuros turistas a destinos similares pero más seguros como Canarias. Si bien es una noticia que puede ser bien recibida por el tejido empresarial, es posible que desde el punto de vista de la marca, no tenga tantos beneficios. Evidentemente, el planteamiento de un destino turístico jamás será depender de las revueltas o catástrofes en países vecinos para que desvíen su tráfico, sería inútil (dejando a un lado la ética). Sin embargo, después de conocer que la guerra de precios hotelera durante los últimos dos años le puede costar cinco años recuperarse, debería hacer pensar a más de un empresario qué está haciendo y a dónde va.

El turismo en España emergió, a grosso modo, por el clima y el bajo precio. Durante la última década surgen competidores por todo el Magreb, europa del Este y, Oriente Próximo que, ofrecen todo igual o mejor y todavía más barato (clima similar, playas similares, hoteles mucho más modernos…y al mismo o menor precio). Entonces muchos lo que hicieron fue decir que España está en la Unión Europea y eso le da una seguridad jurídica que no pueden garantizar esos nuevos destinos low-cost. No creo que compense una guerra de precios y mermas en la rentabilidad durante tantos años por un argumento que sólo se ha verificado ahora con las revueltas que se están extendiendo como un virus por todos los países islámicos.

Va siendo hora de tener el párrafo que escribió Porter hace décadas como cabecera en la misión y en los objetivos de las empresas turísticas españolas. No pueden basar su propuesta de valor en algo que les viene dado (clima, sistema jurídico, mano de obra que antes era barata, etc). Sería un error garrafal pensar que el desvío de turistas es una tendencia y no un parche. Mucho me temo que el grueso de los hoteleros gastarán esos ingresos extra en cualquier cosa menos en invertirlo en diferenciación de producto o, como diría Ignacio Gil, se verá quién aprovecha la oportunidad y quién se limitará a hacer caja.

Sin embargo, para aprovechar esta oportunidad, no se puede poner todo en manos de los hoteles a nivel individual sino, la gestión del destino debería ser de una manera íntegra mediante una colaboración público-privada, como nos dijo Antonio López de Ávila en su entrevista.

Tenemos los rivales, los proveedores y, los clientes exigentes de los que habla Porter. En nuestras manos queda crear la ventaja competitiva.

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