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Por qué España no es Las Vegas, parte 1

2 comentarios

20 septiembre 2011 a las 5:00, por

derribo hotel dunas maspalomas

Derribo del hotel Dunas, en Maspalomas. Gran Canaria

En medio del desierto de Nevada (EEUU), unos manantiales de agua hacían posible un pequeño vergel que un expedicionario español, Antonio Armijo, bautizó como Las Vegas. Posteriormente, en 1931, donde todo el mundo veía el pequeño oasis otros vieron la ciudad para el juego y los casinos. Con el tiempo, la mafia haría de este lugar un santuario para sus actividades de lavado (de dinero) y, ya en los años ochenta, se convertía en la ciudad del entretenimiento y el turismo que desbancó a Orlando (Disneyworld) como principal destino turístico norteamericano en los años noventa, al superar los 28 millones de turistas al año con apenas 90.000 camas hoteleras. Para que se hagan una idea, Canarias cuenta con más de 190.000 camas hoteleras (y un amplio número de extrahoteleras), pero sólo ha recibido 10,5 millones de turistas en 2010.

Evidentemente, para poder comparar ambos casos habría que tener en cuenta la estancia media en ambos destinos y otros parámetros… Pero bueno, los datos permiten ver qué cifras se mueven en estos dos casos  muy consolidados: un destino de sol y playa, insular y europeo, frente a otro de entretenimiento, en el interior del continente y norteamericano.

Recordemos que Las Vegas, como destino turístico, surgió muchos años antes que la mayoría de los lugares de turismo de masas españoles, a pesar de que la naturaleza no dotó a dicha ciudad de belleza, sino más bien al contrario. Las dificultades y la escasez (ausencia casi absoluta) de atractivo turístico marcó su impronta, empujada a una actividad electrizante, a convertirse en una ciudad pop antes de que existiera la cultura pop.

Hoy día, Las Vegas es la meca de la diversión, el festín del ocio, la visión en 3D de cualquier tiempo o lugar que pueda tener connotaciones turísticas (desde el Egipto faraónico, los piratas, la Roma clásica, Venecia… Hasta la aventura espacial). Todos los hoteles son verdaderos parques temáticos que desbordan las expectativas del turista. Un lugar que, aunque nos extrañe, genera más ingresos por los espectáculos y el comercio que por sus casinos. Sin olvidar que posee una fiscalidad muy peculiar y atractiva para la inversión y que refuerzan su marca con un marketing muy cinematográfico y televisivo, si nos atenemos a las numerosas películas y series que tienen Las Vegas como escenario y argumento.

Pero yo iba a hablar del turismo en España y, en particular, de Canarias, por lo que les ruego que tengan en cuenta el modelo de Las Vegas porque vale la pena visualizar los distintos procesos seguidos hasta ahora y fijar el momento para poder imaginar el futuro.

Nos centraremos en el periodo del turismo de masas que arranca en los años cincuenta y demuestra su potencia en los sesenta, debido a la irrupción de los vuelos charter (al pasar del avión de hélice al reactor), que hacían posible que un importante número de trabajadores de los países desarrollados pudieran disfrutar sus vacaciones en lugares alejados varios miles de kilómetros, a un precio accesible y en un vuelo al paraíso en pocas horas. Para ello, los intermediarios turoperadores ya se habían encargado de conseguir alojamientos y entretenimiento a precios tirados para cualquier oficinista o dependiente de supermercado de la Europa desarrollada.

Todo el sistema giraba en torno a la comercialización de los rayos del sol y las caricias de las olas en el mar, lo que produjo una nueva forma de colonización del espacio, pero no para saquear cosechas, capturar esclavos o robar animales. Una invasión sin batallas, sutil pero escandalosa y deshonrosa al rendir los territorios costeros de mayor valor y calidad, tanto por sus paisajes como por sus ecosistemas singulares. La actuación se extendió por casi todo el litoral mediterráneo y las Islas Canarias y Baleares. Lejos de defender los intereses de los ciudadanos y empresas españolas, las mayores rentabilidades fueron para empresas y fondos de inversión foráneos, como si se tratara de una venganza de la España agrícola contra sus costas y arenales, en una estrategia orquestada, animada y amparada por el Gobierno español, ansioso de obtener divisas extranjeras a toda costa y a costa de la costa. Las leyes, creadas para fomentar la inversión extranjera en España, dictaban la condena al litoral y, como es costumbre en este país al aplicarse leyes continentales en territorios insulares, no se tuvo en cuenta los informes del Ministerio de Información y Turismo que, en 1962, advertían la necesidad de establecer una planificación flexible en las Islas de la normativa, lo que provocó un impacto aún mayor y más grave.

La ley desarmó, aún más, un país sin infraestructuras, sin servicios administrativos, sin profesionales en el sector turístico. Fue una rendición a los intermediarios que tenían en su cartera al turista, el dinero de éste y fondos para invertir, por lo que impusieron sus exigencias con el apoyo generoso del Gobierno español, tanto en la permisividad urbanística, política, fiscal y financiera, y ejecutando, con cargo al dinero público, unas costosas infraestructuras que apenas revertían en el pueblo español. Pero, aún así, el turismo supuso para el franquismo un balón de oxígeno, aunque el beneficio económico, social, cultural, etc. pudo ser cuantiosamente mayor.

A esta orgía sobre el territorio español –en particular en Canarias- se sumó la Ley Fiscal sobre Ayuda a Países en Desarrollo, dictada en Alemania por el ministro federal de Hacienda, Herr Straus, entre 1968 y 1972. La ‘ayuda al desarrollo’ supuso la venta de espacios idílicos a precios ridículos y con unas ventajas fiscales extraordinarias para los fondos de invasión germanos. Y en España tan contentos, ya que la versión oficial insistía en que el turismo era una fiesta que generaba ingresos, cuando en realidad lo que se estaba haciendo era una mala venta de los territorios de mayor calidad, como el caso de las Dunas de Corralejo o la Isla de Lobos (Fuerteventura)… Un paraíso para inversores incontrolados e incontrolables.

Ya que hablamos de Corralejo, este antiguo poblado de pescadores se encuentra en el municipio de La Oliva. Tiene 356 kilómetros cuadrados y disponía en 1973 de 2587 habitantes (22.351 en 2010). El suelo en promoción en aquel año alcanzaba las 6.000 hectáreas, lo que daría cabida a unos 600.000 turistas. En aquellos momentos se construían 200 apartamentos y dos hoteles en medio de las dunas de Corralejo con capacidad para 1.600 camas. El municipio dispone hoy de 16.185 camas en 67 establecimientos hoteleros y extrahoteleros. El presupuesto del municipio era de dos millones de pesetas (12.000 euros) a los que se sumaba por primera vez fondos del REF (régimen especial fiscal de Canarias) con otros dos millones y medio de pesetas. En 2009, el presupuesto municipal ascendió a 26 millones de euros (unos 4.500 millones de pesetas). No había ingresos por parte de las promociones turísticas, ya que los arbitrios sobre la riqueza urbana a recaudar sumaron 1.159 pesetas (6,6 euros), pagadas por los propietarios autóctonos de casas antiguas antes del turismo. No existía planeamiento urbanístico, ni tampoco (en ningún municipio de Fuerteventura) se contaba con Interventor o Depositario de la Administración Local. Así, las Dunas de Corralejo corrieron un grave riesgo que pudo evitarse (en su mayor parte) gracias a la crisis del petróleo a comienzo de los años setenta y a la declaración como Parque Natural de dicho entorno por Real Decreto en octubre de 1982, poniendo freno a las ambiciones de Gea Fond (el fondo alemán que adquirió estos terrenos).

Pero así estaban las cosas…

El turoperador controlaba el transporte por avión, obtenía condiciones leoninas en los hoteles, organizaba las actividades en las que los turistas podían gastar el dinero en efectivo que llevaban y establecían un control directo de sus actividades a través de los guías de sus grupos de viajeros.

Mañana más…

2 comentarios 

  1. Míchel 20 septiembre 2011 - 12:58

    Gracias por la publicación/invitación. El artículo es fruto de una reflexión que puede tener muchísimos matices y aspectos tratados muy de lejos, pero creo que lo interesante es el planteamiento de superar una cultura y una época en la que prevalecieron otros intereses y objetivos en el desarrollo turístico del país y de Canarias. Gracias por los comentarios… Animan a seguir…

  2. Pingback: Por qué España no es Las Vegas, parte 2 | Blog TRW - El Blog del Tourism Revolution Ecosystem

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