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Ante la crisis: Medidas temporales = resultados temporales

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31 octubre 2011 a las 11:00, por

coches de juguete

Parque automovilístico en crisis ; Joe Szilvagyi. Flickr

Muchos sectores se han visto afectados por la actual crisis financiera donde la retracción del consumo ha provocado oleadas de problemas en muchos sectores. Uno de los más afectados ha sido la industria del automóvil.

Desde un punto de vista de causalidad queda explicado por cómo las economías domésticas y las pequeñas empresas han visto mermada su capacidad de consumo, por su alto endeudamiento y por el frenazo de la financiación bancaria.  En USA, a estas causas se le suman otras de igual calado, por un lado debido a su estructura productiva, y por otro,  motivado por la estrategia de producto y la incidencia que tuvo el constante aumento del petróleo.

En España, el sector representa el 6% del PIB y emplea a casi 350.000 personas. Es por esto que, ante la alarmante caída de las ventas sufridas al comienzo de la crisis, a mediados del 2008, se llevaran a cabo importantes medidas de reacción económica del sector. Tras la importante presión ejercida por la patronal del ramo, desde el ámbito de lo público se confeccionó un paquete de medidas organizado a través del Plan Integral del Automoción (PIA). Un Plan configurado dentro del conocido Plan E y cuya cuantía ascendía a unos 4.000 millones de euros. El objetivo del Plan, a grandes rasgos, consistía en desarrollar un conjunto de medidas industriales y de impulso de la demanda, de carácter laboral, de impulso a la logística, de fomento a la I+D+i y financieras. A este Plan se le sumó la supresión del impuesto de matriculación temporal, medida relacionada con los vehículos con bajas emisiones de CO2, cuestión que ahora es demandada para que se transforme en definitiva.

El resultado de éstas y otras medidas de menor impacto lograron inicialmente rebajar la tendencia de esta caída. Sin embargo, parece que una vez terminada la aplicación de las ayudas públicas, el sector se vuelve a enfrentar a la cruda realidad. Tal es así que se espera que el 2011 sea el peor año en ventas de los últimos 18.

La realidad se impone y deja en evidencia el efecto del conjunto de medidas que se han tomado en éste y en otros sectores. Éstas medidas han tratado de paliar momentáneamente los efectos negativos de la crisis, en espera de un cambio de tendencia en las pírricas cifras de consumo. Sin embargo la persistencia de la crisis financiera internacional nos deja unas perspectivas de mayor desempleo y posiblemente de unas profundas transformaciones en la cadena de valor del sector.

En sectores tan estructurados, en donde los costes de producción obligan a la estandarización, no cabe duda que la capacidad de adaptación se hace más difícil, es por esto que actualmente los actores del sector ven con escaso optimismo el futuro inmediato de la industria. Tratar de dar una posible solución sería de una insensatez mayúscula, pues la problemática actual requiere de un planteamiento de mayor calado, más allá de las deslocalizaciones productivas y de los contratos con los Estados.

En esta línea, y a título reflexivo, me pregunto, ¿por qué una industria tan estructurada no ha sido capaz de apostar masiva y definitivamente por el vehículo eléctrico, ya no sólo para evitarle a los usuarios las fluctuaciones del precio del petróleo, que ha tenido una importantísima responsabilidad en la caída de la industria en Norteamérica, sino como respuesta a una demanda social real?

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