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¿Canon digital o Spotify?

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15 noviembre 2011 a las 7:00, por

Proyecto Eden. Flickr

Mencionábamos en el último post el “Riesgo Moral” como una de las posibles consecuencias negativas que se derivan de las acciones de rescate que las administraciones públicas últimamente han realizado para evitar que algunos sectores económicos sucumban en esta crisis financiera mundial.

Riesgo Moral es un término que en economía se utiliza para definir una situación en la que cabe un cambio en el comportamiento de una persona en función de estar o no expuesto a las consecuencias de sus acciones. Un ejemplo típico que suele utilizarse para explicar el concepto es hacerse la siguiente pregunta: ¿actuaríamos igual si nos dejáramos la puerta de nuestro coche abierta tanto si tenemos seguro a todo riesgo como si no lo tenemos?

Así pues, es lógico pensar que cuanto más se aleje a una persona de las consecuencias de sus actos, más dispuesta está a arriesgarse a tomar decisiones que pudieran ocasionar un desastre. Y es que el riesgo moral siempre aparece como consecuencia de la existencia de asimetría de información entre partes, pues éste desaparecería, si hubiese capacidad de conocer en cada caso las motivaciones reales de la toma de decisiones de un sujeto.

Tenemos múltiples ejemplos de este tipo de actuaciones:

  • Políticos que son capaces de endeudar administraciones sin límite
  • Economistas que, en búsqueda de la máxima rentabilidad, son capaces de articular productos financieros de resultados nefastos ya por todos conocidos
  • Etc.

Evidentemente hay que tomar medidas para evitar que sucedan estas circunstancias en determinados escenarios, sin embargo, también hemos de conocer el otro lado de la balanza para saber que un exceso de celo provoca consecuencias no deseadas. Una de las más conocidas es la burocratización de la administración pública, que en con la idea de limitar y evitar que se produzcan desviaciones en las finalidades para la que están construidos ciertos instrumentos públicos acaban entorpeciendo el fin último de éstos al atiborrarlo de múltiples trabas.

Llevando esto al terreno de lo cotidiano y estableciendo el marco de ayudas o líneas de financiación para proyectos de desarrollo empresarial, una de las principales cuestiones que deberían emplearse a la hora de determinar si se deben o no solicitar garantías adicionales a una sociedad, entidad jurídica o persona física, en relación con la petición de financiación para dicho proyecto, debería ser la de conocer cuál va ser el retorno de misma. Y, ese retorno, debería medirse en términos de generación de impuestos, creación de empleo, disminución de ayudas al desempleo, etc.

Este principio abundaría en la justificación de que las líneas de financiación de sostenimiento empresarial debieran tener mayor nivel de exigencia de garantías que aquellos proyectos con alta capacidad de escalabilidad pero con mayores probabilidades de fracaso.

Así pues, a mi modo de ver, la solución ante cualquier situación de un sector económico en crisis debería combinar las siguientes cuestiones:

  • Evitar al máximo las ayudas generalistas que sólo tienen por objeto mitigar déficit estructurales.
  • Financiar al máximo, y con máxima flexibilidad, aquellos proyectos que desarrollen nuevos modelos de negocio en el sector.

En fin, y es que uno se pregunta ¿cuál de las dos alternativas traería mayor consolidación y competitividad en un sector como el audiovisual: aplicar el canon digital (ayuda generalista al sector) o potenciar modelos de negocio transformadores (financiar, por ejemplo, con capital semilla público modelos como Spotify)?

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