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Cómo hacer que un lápiz rojo pinte negro (o cómo convertir una mente analítica en una creativa a golpe de lápiz)

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14 noviembre 2011 a las 5:00, por

lápizQue el nieto de uno de los mejores pintores que ha dado Asturias me hablara de este libro puede ser o no, casualidad. Quizá no lo sea, y quizá la sensibilidad por el arte oculta en sus genes empatizara con la mía y nos convirtiera en amigos. Y así, un día, después de mucho tiempo sin vernos, y mientras le hablaba sobre mi nueva andadura profesional y sobre mi reto de mejorar mis capacidades creativas y aplicarlas a otros campos, me descubrió el libro que protagoniza el post de hoy.

Recuerdo perfectamente nuestra conversación: pensamiento visual, hemisferios cerebrales, pensamiento creativo versus analítico. Yo pensaba que dominaba la conversación por mi mayor conocimiento sobre el tema cuando Betty Edwars salió de sus labios. Y en ese momento mi mente viajó hasta los cuadros de árboles de su casa, pintados por un hombre que decía sentir el paisaje dentro de si, y entendí que era normal que alguien cómo él conociera ese libro.  Y también entendí que ese era el momento en que yo debía conocerlo.

libro "Drawing on the right side of the brain", Betty Edwards

"Drawing on the right side of the brain", Betty Edwards

Así fue como descubrí a Betty Edwards y su particular forma de convertir a personas “hemisferio-izquierdo-pensantes” en pensadores visuales de “lápiz negro”.

Estos días, y como ya he comentado en post anteriores, trato de encontrar métodos y herramientas que permitan identificar cualidades y capacidades para el pensamiento visual, y mejorar las mismas para poder ser un buen comunicador. La semana pasada, analizábamos los tres tipos de pensadores visuales que define Dam Roam, y esta semana,  antes de entrar al detalle de “cómo aprender a dibujar con el lado derecho del cerebro” me gustaría que dedicaran unos minutos a entender la clasificación que a este respecto establece Temple Grandin, la mujer con autismo a la que hice referencia en el post anterior:

Temple Grandin: El mundo necesita todo tipo de mentes

Temple, establece tres tipos de “mentes”, todas ellas necesarias en el mundo actual y futuro:

  1. Los pensadores foto-realistas. Suelen ser malos en algebra pero con grandes habilidades para el dibujo y las artes gráficas (delineantes, diseñadores gráficos, maquetadores, ilustradores, ingenieros, etc).
  2. Los pensadores de patrones. Destacan en música o matemáticas (programadores informáticos, desarrolladores, etc).
  3. Los pensadores verbales. Malos en dibujo pero buenos en literatura, historia…(periodistas, escritores, etc.)

Según Temple, cada uno “ve” el mundo de una forma diferente. Para ella, cuya mente se encuentra dentro del espectro del autismo, los conceptos se muestran ante si en forma de categorías de imágenes, y necesita un alto grado de especificación para poder entender conceptos complicados, desarrollarlos y sacarles el máximo partido.

Los pensadores de patrones piensan en códigos, y podríamos decir que están en un punto medio que les permite acercarse al pensamiento visual y al verbal sin demasiada complicación.

Sin embargo, los pensadores verbales, son aquellos cuyos pensamientos se muestran en forma de palabras, y a estos les es particularmente difícil “ver” y por tanto “comunicar” de otras formas.

Como bien dice Temple, y a ello ha dedicado parte de su vida, el mundo necesita de todo tipo de mentes, y para conseguir que este mundo sea mejor, es necesario potenciar las capacidades de las personas, sean éstas cuales sean.

lapiz negro-rojo

La mejor combinación: rojo y negro, es posible.

En su caso, o en el caso que le toca de cerca, plantea el llevar a las pequeñas mentes que puedan encontrarse dentro del espectro autista hacia el desarrollo creativo de su “fuente de fijación” (la mayor parte de los autistas centran toda su atención en uno o varios temas sobre los que hay que trabajar para que sean capaces de desarrollar más capacidades en torno a distintas disciplinas) y plantearles problemas o tareas específicas que les permitan llegar antes a la solución dentro de la infinidad de categorías de imágenes que albergan sus mentes. Esto es aplicable para cualquier tipo de pensador visual.

Para el caso de los pensadores verbales,  Betty Edwards tiene la solución. Betty es profesora de dibujo en la Universidad del estado de California, en Long Beach. Da numerosas conferencias y continua su investigación sobre la relación entre el dibujo y los procesos de los hemisferios cerebrales.

En el libro “Aprender a dibujar con el lado del derecho del cerebro”, aplica recientes descubrimientos a este respecto, y presenta un conjunto de ejercicios básicos que permiten liberar el potencial creativo y activar las facultades especiales del lado derecho del cerebro para los pensadores verbales o de lápiz rojo.

Recomiendo encarecidamente la lectura del libro, porque es un ejercicio increíble de “desaprender lo aprendido” y comenzar a ser bueno en algo que parecía imposible, lo que extrapolado a otras áreas, amplia mucho el horizonte mental que a veces limitamos inconscientemente debido a nuestra educación.

Lo que Edwards plantea a grandes rasgos es que los pensadores visuales cuando piensan, piensan palabras, no imágenes. Al enfrentarse al dibujo, o lo que es lo mismo, cuando tratan de plasmar un concepto “palabra” en una imagen, su cerebro “ve” un prototipo construido por la suma de palabras que conforman la palabra principal. Ejemplo: mano = dedos + cinco + uñas + índice + corazón + anular + meñique + pulgar. Y esto es lo que dibujan, pensando cada palabra por separado y formando el conjunto final.

El dibujo de un pensador verbal por tanto, no está basado en la observación (cosa que si pasa en un pensador visual, que almacena cada detalle de cada imagen que ve), sino en la asociación directa de la palabra con la primera imagen con la que la asoció por primera vez en su vida.

De esta forma, los dibujos de los pensadores verbales suelen ser infantiles, y no representan la realidad, sino un conjunto de formas que ellos asocian con las palabras de su cabeza: ojos, pelo, etc.

Sin embargo, Edwards descubrió, que un pensador verbal podía dibujar de forma extraordinaria cuando se alejaba por completo del concepto aprendido, por ejemplo, copiando una imagen inversa de un concepto.

Ante la imagen por ejemplo de una mano inversa, o en negativo, el pensador verbal se alejaba del concepto aprendido y “miraba” y “veía” la imagen tal cual era, despojándose de cualquier prejuicio sobre su forma y dibujando libremente, con la mente absolutamente libre y centrada en la observación.

dibujos de Betty Edwards antes y despues del curso

Ejemplo de dos dibujos realizado por la misma alumna al inicio del curso con Betty Edwards y al final del mismo.

El planteamiento de Edwards de que la capacidad de un individuo para el dibujo esté controlada por la facilidad para cambiar a un modo diferente de procesar la información visual: pasar del procesamiento analítico y verbal (lo que en el libro llama modo izquierdo) a un proceso espacial y global (modo derecho) es absolutamente brillante, y en su libro, a través de diferentes ejercicios y ejemplos demuestra que es posible.

“Aprender a dibujar es en realidad cuestión de aprender a ver –a ver correctamente– y eso significa mucho más que el simple dirigir la mirada”. Kimon Nicolaides (The natural way  to Draw).

Para terminar el post, insisto en la recomendación de leer el libro, no sólo para los que no saben dibujar y quieren aprender, sino para los que sí saben hacerlo, dado que pueden mejorar mucho sus capacidades y quiero hacer una reflexión:

Tanto Temple Grandin como Betty Edwars plantean como elemento fundamental la observación. Y esta no aplica sólo al hecho de poder dibujar mejor o peor, sino al acto en sí de “ver”, de “entender”. La comprensión de cualquier mensaje pasa por la observación o escucha.

Sin embargo, y a pesar de que no importe mucho la forma a través de la cual el mensaje llegue a nuestro cerebro, ya que en unos casos se mostrará en forma de imágenes o de patrones, y en otros casos de palabras, sí que queda patente el hecho de que puede trabajarse la forma de “ver” y “comprender” mejor las cosas. Y esto es la base de cualquier comunicación efectiva.

Seas lápiz negro o pensador foto-realista, subrayador amarillo o pensador en patrones, o lápiz rojo o pensador verbal, puedes convertirte en un gran “comprensivo” y en un gran “comunicador”.

Está en tu mano y en tu lápiz. El objetivo es que sólo tú seas quien escoja el color del mismo y que incluso le des tus propios matices. ;)

lápices de colores con forma de corazón

Tú eliges el color. Haz que así sea.

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