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Lo que no se dice de las ayudas de rescate

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8 noviembre 2011 a las 14:00, por

Derroche de recursos en las ayudas de rescate

Derroche de recursos en las ayudas de rescate ; Daniella Hartmann. Flickr

Desgraciadamente hemos visto en estos últimos tiempos, y ante necesidades urgentes de algunos sectores económicos en declive o que atraviesan dificultades severas, el recurrente uso que se ha hecho de las ayudas de Estado para el rescate de éstos. En los últimos post hemos ido viendo algunos ejemplos de medidas aplicadas a sectores en estas situaciones complejas. Seguramente estaremos de acuerdo que en muchos de los casos que hemos analizado, más todos aquellos que conocemos de los últimos tiempos, las medidas que se han adoptado han estado más dirigidas a paliar las consecuencias negativas de las crisis sectoriales que en eliminar las causas que las provocaron.

Da igual el formato de estas medidas, que las reconocemos en forma de subvenciones directas (industria naval); de eliminaciónreducción de impuestos y/o tasas administrativas (industria del automóvil); de generación de paquetes de contratación del sector público (Plan E), de inyección de garantías o avales como medidas antipánico (Aumento del Fondo de Garantía Bancario) , etc., al final todas tratan de atenuar los efectos negativos en forma de aumento del desempleo, incremento del endeudamiento, rebaja del consumo, etc.

Además, cuanto mayor importancia tiene el sector económico en cuestión mayor es la capacidad de “negociación” con lo público para su rescate, pues mayor impacto socioeconómico acarrea. De este tipo disponemos de muchos y recientes ejemplos, pues lo hemos visto en el sector financiero, pero también en el sector del automóvil, en el sector de la construcción, e incluso, a nivel supranacional, lo hemos visto en los rescates practicados por la UE en Grecia e Irlanda.

Sin embargo, hemos de saber que pueden aparecer diversos e importantes efectos negativos que pueden darse en estos casos según sea el sistema de financiación utilizado, citaré tres, de menor a mayor importancia :

  • el primero, y aunque obvio, considero necesario recalcar, y no es otro que la desviación de fondos públicos a una acción puntual implica necesariamente la desatención a otros fines preestablecidos;
  • el segundo, y más relacionado con la financiación de carácter permanente y generalizada (subvención) de un sector económico conlleva a una pérdida progresiva de competitividad al crear reglas de juego de no mercado;
  • y el tercero, y en mi opinión más grave, es el riesgo de aparición de lo que en economía se denomina “riesgo moral”, esto es, y explicado en términos llanos, el déficit de óptima gestión que puede aflorar cuando se conoce que en caso de colapso el Estado, o entidad supranacional, aparecerá para solucionar el desaguisado.

En mi opinión no debemos pasar por alto el alto riesgo que supone poner en funcionamiento estas medidas drásticas, cuya aplicación en algunos casos es la única vía posible, porque además de continuar sin solucionar la raíz del problema, lo que realmente estamos haciendo es comprando otros dos o tres por añadidura, con la única finalidad de “ganar tiempo”.

En el otro extremo de la balanza se colocan las soluciones más complejas y más lentas de desarrollar pero sin duda más eficaces y perdurables en el tiempo: el emprendimiento, la diversificación y la competitividad, pero eso es otra historia.

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