Reflexionar.
En este mundo en el que todo va tan rápido, en el que los momentos recién vividos se quedan obsoletos al instante y sus recientes recuerdos son apretujados al fondo de nuestros cerebros para hacer hueco a las experiencia siguiente, necesitamos más que nunca recordar.
Porque recordar es aprender y desaprender lo aprendido; es tirar de la información que hemos almacenado y que nos ha servido para dar un paso más pero también para volver hacia atrás y coger carrerilla para lanzarnos de nuevo; es recuperar historias, volver a oler aromas y ser capaces de revivir las cosas vividas a través de aquellos a los que llenamos con ellas.
En este mundo en el que cada día la tecnología ayuda cada vez más a nuestro lado izquierdo del cerebro, el derecho empieza a tener más sitio, a sentirse más cómodo, y se puede permitir el lujo de crear, de expresar, y de contar las historias que almacena de formas en las que nunca antes lo había hecho. Y es que en mi opinión, este auge de lo emocional no es casualidad. Lo necesitábamos; el ser humano lo necesitaba. Y sí, puede que el hombre, cansado de ocultar sus emociones, se haya esmerado tanto en recrear tecnologías que le permitan ser más libre. Y ahora es tiempo de potenciar esa libertad.
Contar historias.
Siempre he dicho que la vida es Marketing. Y para mi, el marketing, es contar historias que de verdad cuentan cosas. Porque hay otras historias que te dejan indiferente, quizá porque no son reales, quizá porque son banales, o puede que porque carezcan de componentes universales, esos que todos hemos vivido alguna vez, y que al verlos, sentirlos, olerlos, tocarlos o verlos de nuevo, los recordamos, y en ese breve espacio de tiempo que es el recuerdo, volvemos a sentir. Nuestro corazón vuelve a latir como cuando viajamos en avión por primera vez. Nuestra piel se eriza como cuando metimos los pies en el agua azul y fria de aquella playa. Nuestros pies se echan a bailar cuando escuchan un ritmo parecido al de aquel baile en la terraza de un hotel de la costa.
Compartir historias.
Todos queremos compartir nuestra vida. O casi todos. Y lo hacemos porque en realidad nos gusta provocar sensaciones en los demás. Todos por tanto, somos agentes de marketing de determinadas empresas, marcas o productos que forman partes de nuestras pequeñas historias del día a día. Esas que nos gusta compartir.
Y a ese menester os traigo hoy una herramienta que particularmente me parece brillante, que creo que tiene posibilidades infinitas y que creo también que aún no ha sido percibida como la oportunidad que en realidad es:
Se trata de una aplicación que te permite contar historias. Utilizando la exitosa aplicación para compartir imágenes de forma instantánea: Instagram, StoryWheel permite generar historias en torno a un conjunto de imágenes. Introduce el audio (la propia voz del narrador de la historia e incluso los sonidos del ambiente, la calle, los coches) y nos acerca aún más la bella cotidianidad de las vidas de los que nos importan o de los que aún siendo auténticos desconocidos, nos pueden inspirar y ayudarnos a soñar experiencias que desde ese instante, querremos hacer nuestras.
“La historia de los hombres es un instante entre dos pasos de un caminante.” Franz Kafka.
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