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El riesgo de innovar

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12 abril 2012 a las 14:00, por

Free Climbing, Flickr.

La palabra innovación tiene una connotación francamente positiva. Innovar implica progreso, avance, modernidad y vanguardia. ¿A quién no le gusta ser públicamente reconocido como innovador? A toda empresa, empresario y emprendedor le gusta presumir de su capacidad innovadora. La innovación denota per se vigor económico, fortaleza y una clara visión empresarial. De hecho, todas las empresas líderes en su respectivos sectores lo son porque en algún momento han decidido innovar.

Sin embargo, innovar también conlleva riesgos. Riesgos que pueden estar asociados a la innovación a nivel de producto o servicio, o riesgos inherentes a la innovación en el modelo de negocio de una empresa.

Y en ambos casos se puede definir dos grandes áreas de riegos:

  • Riesgos de tecnología, que son a priori los primeros que nos vienen a la cabeza, considerando la complejidad que supone generalmente el desarrollo o lanzamiento de cualquier herramienta o aplicación tecnológica.
  • Riesgos de mercado, muchas veces subestimados, tal vez por no ser tan evidentes o tangibles como los riesgos de índole tecnológico.

Básicamente se puede afirmar que el riesgo es directamente proporcional al factor innovación, lo que supone obviamente un alto factor de riesgo en las estrategias de innovación disruptiva.

Si bien toda innovación conlleva cierta incertidumbre en cuanto a los resultados que se obtendrán, hay ciertos elementos de gestión organizacional que pueden ayudar a minimizar ciertos riesgos como lo son la capacidad de identificar rápidamente riesgos potenciales y de neutralizarlos, además de la experiencia en el desarrollo y gestión de proyectos.

Es también verdad que una organización puede adquirir muy bien estas capacidades contratando especialistas con experiencia en gestión de proyectos y así minimizar hasta cierto punto la incertidumbre inherente en cualquier proceso de innovación. En otras palabras, la verdadera capacidad de un emprendedor no radica en asumir riesgos, si no que en saber gestionarlos correctamente:

1. Identificar los riesgos

Supone obviamente el conocimiento del mercado, de la tecnología aplicada, de las dinámicas de su propia organización y una gran dosis de sentido común.

2. Evaluar su impacto

El emprendedor debe saber evaluar tanto la probabilidad de que ocurra un determinado riesgo como también el impacto que este puede tener en su organización o en el proyecto. Un riesgo puede ser de origen operativo y hasta cierto punto previsible. Pueden tener baja intensidad, lo que exigirá aplicar un método simple de control de indicadores; o por el contrario, también pueden tener consecuencias fatales, los conocidos como show-stopper o deal-killer, en este caso se debe desarrollar un plan de contingencia.

3. Priorizar las acciones

La evaluación realizada anteriormente indicará qué riesgos exigen una acción inmediata y cuántos recursos deberá dedicar la organización en cada caso. Exige ante todo la aplicación de criterios rigurosos en la toma de decisiones.

4. Realizar las correcciones o ajustes pertinentes

Flexibilidad es el criterio fundamental para poder adaptar el proyecto a la realidad del mercado y no sucumbir ante los problemas que vayan surgiendo a lo largo del camino.

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Consultoría directiva turística especializada en el diseño y gestión de proyectos transformadores mediante la aplicación del Ciclo Comercial Turístico.

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