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Espacios para los vínculos

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10 abril 2012 a las 5:00, por

"El cocodrilo Hilo", en Flickr.

Nadie tiene la receta perfecta para criar a un hijo. Y sin embargo, de ello depende la sociedad entera, del mismo modo que la fortaleza de los individuos depende de la solidez de la familia. Buena prueba es esta crisis, cuyos estragos difumina el manto protector y solidario de los vínculos familiares.

Autores y teorías a este respecto hay para todos los gustos. De entre todos los textos que emergen de golpe con solo teclear las palabras “vínculos” y “familia” en Internet, me llama la atención sobremanera, por inusual y por hacer referencia directa a la ética, cinco de los fundamentos educativos primordiales para un autor que habla extensamente sobre ello, José Antonio Marina. Se trata de un texto resumen de ponencias de 2004 de la Comunidad de Madrid. Habla este autor al referirse a la educación de los hijos que lo padres han de incentivar la alegría, porque hay estudios que demuestran que la alegría fomenta la generosidad. Habla de estimular la sociabilidad, y “tener la esperanza de que del otro me puede venir algo bueno”. Habla de la compasión activa, esa en la que uno no se resigna y piensa para sí “esto es indignante, voy a ver si lo arreglo”. Habla de incitar el respeto, “no el respeto reverencial, respeto es la actitud  que debemos tener ante todo lo valioso, que es de fomento de lo valioso, de cuidado de lo valioso, de atención de lo valioso”. Y habla del sentimiento de justicia , “para suavizar las intermitencias del corazón”.

Con todo esto, hoy, 10 de abril, apenas finalizadas las vacaciones de Semana Santa, en la que la Dirección General de Tráfico estimaba unos 12 millones de desplazamientos en todo el territorio nacional, surge de nuevo ante mí la cuestión de los modelos vacacionales y de si el producto es capaz de adaptarse a un creciente número de clientes que buscan, sobre todo, un espacio para los vínculos. Con ello me refiero a lugares donde los distintos miembros de la familia o del grupo puedan interactuar realmente, donde personas de distintas edades puedan realizar una misma actividad, de forma conjunta, pues es tan escaso el tiempo que uno puede compartir con la gente que quiere, que las vacaciones no son sólo tiempo de asueto, sino el espacio en el que se estrechan los lazos afectivos. Hay lugares donde cada uno busca qué hacer, y las vacaciones transcurren los unos cerca de los otros, sin más. Los menos son aquellos donde uno no está haciendo cosas a la vez, sino compartiéndolas.

Pero no todos los lugares cuentan con las condiciones necesarias para que ello suceda. En un momento en que la gente tiene tan poco tiempo, hay tantos modelos parentales nuevos  y la actividad semanal de padres e hijos es muy elevada, surge la demanda de espacios que permitan el aprendizaje conjunto, los viajes iniciáticos,  y el conocimiento del otro. Satisfacer esa demanda es relevante para el consumidor pero lo es también para la sociedad, igual que la educación de un hijo.

La forma, el sonido, la sombra, los materiales, la escala… todo ello es importante e influye en que el lugar elegido sea, o no, el lugar adecuado. Pero no mucha gente parece prestarle la importancia debida. Vuelve a mi cabeza una frase expresada sin mucha importancia hace poco por uno de mis hermanos durante una comida familiar y que me dejó pensando sobre el nivel de percepción de algunas personas: “los molinos de energía eólica deberían estar en el mar, porque el sonido que emiten y la sombra que proyectan sobre el suelo es inquietante”.  Si bien no espero tan afinado nivel de apreciación por parte de todo el mundo, si desearía que pudiésemos ahondar de forma más profunda sobre los lugares en los que el hombre puede reconciliarse consigo mismo, buscar una excusa para hacer algo con su familia, sus amigos, sus hijos y ayudarle, siquiera someramente a que éstos sean más alegres, más sociables, más compasivos, más respetuosos y con un mayor sentido de la justicia.

Todos los lugares que se me ocurren tienen una estrecha vinculación con la naturaleza. En mis próximos posts les contaré algunos de ellos, por si supusiera algo nuevo o diera alguna pista a quienes hayan pensado alguna vez en una escapada o un lugar de vacaciones no como un fin en sí mismo, sino como una excusa para lograr fines netamente personales, duraderos en el tiempo, vinculados a las emociones y a las cosas verdaderas.

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