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La Implantación de la estrategia y el bambú chino

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30 abril 2012 a las 5:00, por

bambu

"Bambú". Pinterest

El bambú chino tiene la especial característica de que una vez plantada la semilla, y tras ser regada y cuidada durante un año, no aparece ninguna muestra de crecimiento visible desde el exterior después de haber transcurrido un año completo. Lo curioso es que tras el segundo año de cuidados, tampoco existe muestra alguna. Ni al final del tercer año. Ni siquiera al cuarto año de cuidados, puede verse la más mínima señal de crecimiento.

Sólo después de transcurridos cinco años completos aparece una pequeña ramita en la superficie. A partir de ese momento, se puede ver el crecimiento día a día, incluso hora a hora, ya que en sólo seis semanas el brote crece y crece hasta alcanzar treinta metros.

La alegoría del Bambú Chino resulta muy útil para abordar la implantación de un Plan Estratégico. Nos hemos encontrado en muchas ocasiones Planes Estratégicos que son abandonados una vez transcurridos tres o cuatro meses de su definición, cuando los directivos ya están preguntando por sus resultados, y empiezan a ponerse nerviosos. ¿Dónde está el crecimiento de las ventas y de los resultados esperados? Muchas de estas preguntas finalizan con la sustitución de las ambiciosas y costosas iniciativas estratégicas definidas por otras de mucho menos calado. En no pocas ocasiones se acaba llegando al abandono del Plan Estratégico, cuando una vez transcurridos seis meses de su definición no se han producido resultados financieros visibles.

Nos olvidamos de que, igual que ocurre con el bambú, es necesario un crecimiento de las raíces, en este caso de las capacidades y activos inmateriales (sistemas IT, organizaciones dinámicas gestionadas por proyectos, programas de formación, comunicación y cambio de cultura, sistemas eficaces de recursos humanos, etc…), que lejos de producir resultados a corto plazo, generan incluso el empeoramiento de los mismos, ya que demandan recursos y no contribuyen durante meses e incluso años al crecimiento de las ventas.

De la misma manera que ocurre con el bambú chino, estas “raíces” van creciendo, pero no se ve el resultado hasta que pasan varios años. Se trata de modificaciones profundas, pero ocultas, que deben mantenerse con perseverancia. Es necesario “defender” estos proyectos de los ataques de los cortoplacistas, que demandan resultados inmediatos. Sólo pasados varios años, las iniciativas de este tipo empiezan a producir mejoras en los procesos que pronto se convierten en mejoras radicales, que producen después efectos radicales en la percepción de los clientes y finalmente crecimientos exponenciales en los resultados.

Este ciclo es diferente además en las distintas líneas estratégicas que la empresa puede escoger. Así por ejemplo, la línea estrategia de excelencia operativa puede necesitar entre uno y dos años en producir resultados. La línea estratégica de relación con el cliente puede necesitar entre dos y tres años. Y finalmente las líneas estratégicas que tienen que ver con la innovación no suelen producir resultados visibles en menos de tres años.

Esta característica refuerza la necesidad de disponer de un sistema de gestión como el Cuadro de Mando Integral, que mide en diferentes perspectivas objetivos de desarrollo de activos inmateriales (perspectiva de aprendizaje y crecimiento), de mejora de procesos (perspectiva interna), de mejora de la propuesta de valor (perspectiva de clientes) y finalmente de resultados económicos (perspectiva financiera). Sólo de esta manera podemos estar seguros de que estamos avanzando en nuestro Plan Estratégico, y evitar el riesgo de abandonarlo a los pocos meses sin ver resultados.

A medida que el entorno económico es más cambiante, es más necesario disponer de un modelo de gestión como éste, que te permite medir el avance del Plan Estratégico aunque no se vean los resultados financieros. El sistema de seguimiento presupuestario tradicional lleva irremediablemente al aumento de la tensión, cuando se comprueba durante meses e incluso años que los resultados no mejoran a pesar de las fuertes inversiones en iniciativas estratégicas. Como ocurre con el bambú, estas inversiones son necesarias, y producirán crecimientos exponenciales si se dispone de paciencia y perseverancia suficiente.

El Modelo de Gestión basado en el aprendizaje y en el Cuadro de Mando Integral permite ver si estas iniciativas van produciendo mejoras en las capacidades, y estas en los procesos. Si es así, podemos prever que los resultados financieros acabarán llegando.

Si no disponemos de esta herramienta, pronto llegarán las tormentas coyunturales, que harán que el barco cambie de dirección y se dirija a objetivos pragmáticos y de corto plazo que impedirán conseguir los objetivos estratégicos definidos. El Plan Estratégico morirá si no cuidamos y medimos el crecimiento de las raíces, de la misma manera que ocurriría con el bambú cuando después de un par de años dejamos de regarlo porque pensamos que la semilla ha muerto.

 

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