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La importancia de la empatía en la comunicación

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6 abril 2012 a las 11:00, por

“Los artistas son, en promedio, más creativos que los científicos […]. En lugar de concentrarse en el objeto de su investigación, sabiendo cada vez más de menos hasta saberlo todo de nada […], mantienen la mente abierta al vendaval de ideas, consistentes las unas y enloquecidas las otras, que les llegan del mundo exterior. No logran focalizar toda su atención en un sólo tema, cómo hacen los científicos” Fragmento de el libro “El viaje al amor” de Eduardo Punset.

Ya hemos hablado en múltiples ocasiones de la diferencia entre las mentes creativas y las analíticas, e incluso hemos escrito sobre cómo aprender a ser creativo. Sin embargo, pocas veces hemos ahondado en el tema de cómo comunicarnos con unos y otros. Podemos presuponer que una persona creativa y emocional, comunicará y recibirá la información de una forma más afectiva y emotiva que una persona analitica y científica, que por contra será más fría en esa comunicación e irá al grano sin añadir floritura alguna esperando a su vez, recibir la información de la misma manera. Pero ¿pensamos esto alguna vez cuándo nos comunicamos con alguien? ¿somos realmente conscientes de la importancia que esto tiene en nuestro día a día, no solo en el plano personal, sino en el profesional?.

Esta mañana (miércoles 4 para mi) recibía un mensaje de mi mejor Ave fénix en el que me decía que ahora, hoy, tras mucho tiempo, entendía que la capacidad comercial no consiste en vender hasta a tu tía si es necesario, sino que reside en saber ver lo que los demás necesitan. Yo, no pudiendo estar más de acuerdo, añadiría que esa es la clave de todo: la empatía, la capacidad de ponernos en la piel del otro y sentir y entender lo que el otro siente o percibe, adaptando nuestro mensaje a cada particular forma de entender el mundo.

Personalmente, siento rechazo absoluto hacia esas personas que dicen eso de “yo soy así” para justificar cualquier tipo de comportamiento “no politicamente correcto” y  disfrazarlo de personalidad y sinceridad. Estoy segura de que ese rechazo viene de una marcada adaptabilidad en mi caso, o una incapacidad de entender porque si yo soy capaz de adaptarme y leer el lenguaje de los demás, los demás no son capaces de hacerlo conmigo. ¿Es injusto verdad?. Pues en el mundo de los negocios esa injusticia se traduce en negativas y rechazo por parte del mercado, o lo que es lo mismo, no abarcar todo el paisaje, a pesar de poder hacerlo, simplemente por no ser suficientemente inteligente comercial y emocionalmente, y más en ésta epoca que nos toca vivir.

Timidez disfrazada, por Paula Martínez Huerta

“En tiempos de incertidumbre conviene llevar bien sujeto el cinturón de la seguridad afectiva para prevenir posibles accidentes emocionales” frase de Albert J. Jovell, en su libro “Liderazgo afectivo, all you need is love”.

Comunicar y vender emociones:

Cada día, en nuestro trabajo, tenemos que vender. Vendernos a nosotros cómo capacidades profesionales y vender nuestros productos o servicios. Pero más importante que todo eso es conseguir que nos compren. Y para ello, debemos tener esa capacidad, esa inteligencia comercial y emocional que no es otra que la que nos hace adaptar nuestro yo, nuestro ser, nuestro todo, a lo que los demás necesitan. Re-inventarnos nosotros y nuestros productos a diario para que los demás los compren como si fueran oro. Y ese oro sólo se consigue escavando en los demás y siendo capaz de comunicar con el lenguaje que aquel al que nos dirigimos, entiende.

Comprar y gestionar emociones:

Cada día, en nuestro trabajo (bis), debemos trabajar, gestionar, identificar y mantener capacidades emocionales de las que depende nuestra sostenibilidad y éxito como empresa. Promulgar la empatía hacia el cliente y no ser capaz de verla como clave de gestión interna es lo mismo que interponer un enorme muro de hormigón entre el mercado y nosotros. Ser capaces de gestionar optimizadamente las emociones, sabiendo cómo comunicarnos con unos y con otros en nuestras organizaciones, hará que nuestros productos o servicios se enriquezcan al recibir lo mejor de cada uno de los trabajadores que los hacen posibles.

El truco:

Abrir bien los ojos y los oídos y cerrar la boca hasta que tengamos claro qué decir y cómo lo que digamos va a impactar en nuestro interlocutor. O más fácil aún (sabemos que este ejercicio aparentemente sencillo es costoso para muchos en muchos momentos): hacer caso a las neuronas espejo. 

“las neuronas espejo explican porqué sonreímos cuando vemos a una persona feliz o hacemos una mueca de dolor cuando vemos a alguien que sufre fisicamente, […] en pocas palabras, repetimos -en la mente- todas las acciones que observamos -o leemos-.  […] Las neuronas espejo no sólo nos ayudan a imitar a otras personas, sino que son las encargadas de la empatía. Envían señales al sistema límbico o región emocional del cerebro, la zona que nos ayuda a sintonizar con los sentimientos y las reacciones de otras personas, de modo que podamos saber qué se siente al estar en el pellejo de otra persona”.  Fragmento del libro “Buyology” de Martin Lindstrom.

 Si hablas a una persona de forma brusca, no esperes una reacción positiva. Si no eres amable, no esperes que lo sean contigo. Si tratas a tus empleados sin piedad, no esperes resultados brillantes.

Si tratas a todos por igual, siendo egoista en tu comunicación por no ser capaz de ponerte en la piel del otro, no esperes su comprensión, porque simplemente no te entenderán. Mejor, invierte en aprender su idioma.

“Si buscas resultados diferentes, no hagas siempre lo mismo”. Albert Einstein.

Albert Einstein © Ruth Orkin, via Pinterest

 

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